El narrador Carlos Frabetti, italiano residente en
España, consideró este sábado que en la actual literatura infantil
latinoamericana se observa un gran respeto al niño y preocupación
por los temas sociales.
Frabetti, con más de 30 libros publicados, la
mayoría con destino al público infantojuvenil, declaró a Prensa
Latina que su participación por estos días en las labores del jurado
del Premio Literario Casa de las Américas le permite tener una idea
abarcadora sobre esa producción intelectual.
También aludió a su sistemática participación a lo
largo de la última década en las ediciones de la Feria Internacional
del Libro de la Habana, en la cual toma contacto con lo que se
escribe en Cuba y América Latina para ese segmento de lectores.
El también miembro de la Academia de Ciencias de
Nueva York elogió al Premio Casa, al cual "venía siguiendo desde
hace tiempo, solo que hasta ahora conocía nada más los resultados
finales, por lo general muy buenos, pero en calidad de jurado esta
vez he podido comprobar el prestigio y la solidez del concurso".
En el caso concreto de la literatura infantil existe
un muy buen nivel y sobre todo una preocupación por el mundo de la
infancia, esto último puede sonar paradójico, pero es así, reiteró
el creador de populares personajes como el enano Ulrico y Calvina.
Es que en la literatura para niños escrita en Europa
muchas veces se observa un cierto desprecio hacia la inteligencia y
sensibilidad del niño, algo que quizá sucede también en el ejercicio
de la docencia, comparó.
Frabetti lamenta la existencia de personas
detentoras del saber "que vierten consignas en esos recipientes
supuestamente vacíos que son los niños, a quienes tratan como si
fueran tábula rasa, donde es preciso ponerlo todo y recibirlo de
forma pasiva".
Durante mucho tiempo (la escritura para niños y
jóvenes) ni siquiera se consideraba literatura, era como una
prolongación de la pedagogía y del discurso moralizante, incluso
muchos textos llevaban explícitamente una moraleja, recordó el
matemático de profesión nacido en Bolonia en 1945.
En la ciudad portuaria de Cienfuegos el autor de una
obra narrativa escrita enteramente en castellano trabaja junto a
Leonor Bravo (Ecuador), Liliana de la Quintana (Bolivia), Avelino
Stanley (Dominicana) y Nelson Simón (Cuba) en la selección del
Premio Casa de literatura para niños y jóvenes.