Estados Unidos privatiza la lucha contra el
narcotráfico con contratos millonarios a empresas que utilizan
mercenarios, según indica hoy el Pentágono.
La Secretaría de Defensa anunció que como parte de
esa política se otorgan contratos a empresas privadas para prestar
asesoría, capacitación y realizar operativos en países productores
de drogas y con vínculos al llamado narcoterrorismo.
Estas compañías emplean mercenarios y sus tácticas
están libres del escrutinio público y político, plantean críticos de
esos planes.
La sección de prensa del Pentágono confirmó que, en
1995, se estableció la Oficina de Programas de Tecnología Contra el
Narcoterrorismo (Cntpo), para el apoyo administrativo de programas
en una amplia gama de actividades antinarcóticos.
El teniente coronel James Gregory, vocero del
Pentágono, precisó que desde los atentados del 11 de septiembre de
2001 y los conflictos en Irak y Afganistán se incrementó la
necesidad de adquirir estos servicios.
Los mayores contratos fueron entregados a las
empresas Lockheed Martin, Northrop Grumman, Reytheon, ARINC y U.S.
Training Center, una subsidiaria de Blackwater, conocida por el
empleo de mercenarios en varios países del mundo, informó Gregory.
Al abordar la situación, Larry Birns, director del
Consejo para Asuntos Hemisféricos (COHA), un centro de investigación
en Washington, señaló que esta práctica responde a que el gobierno
estadounidense de una manera subrepticia quiere reducir el
presupuesto de la lucha antidrogas transfiriéndola a las agencias
privadas.
Por su parte Gregory apuntó que los contratos son
jugosos pues la Cntpo cuenta con un presupuesto de 15 mil millones
de dólares.
Bruce Bagley, jefe del departamento de Estudios
Internacionales de la Universidad de Miami y experto en el tema del
narcotráfico mundial, valoró que una de las razones que impulsan a
Washington a realizar estas actividades es el alto costo político.
Aquí entramos en un área imprecisa, donde las normas
de combate no son claras y hay casi cero responsabilidad con la
opinión pública o el electorado, agregó el catedrático.
Pocos miembros de los Comités de Supervisión del
Senado y la Cámara de Representantes estadounidenses están al tanto,
pero ellos tienen la obligación de guardar secreto, así que todo
esto vuela bajo el radar, subrayó.
Bagley sostuvo que la labor en el terreno de estas
unidades está acompañada de riesgos si ocurrieran imprevistos que
impliquen violaciones al derecho humanitario y se vincule a Estados
Unidos con ellas, reportó Prensa Latina.