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Venta directa de productos agrícolas al turismo
Ganamos todos
VENTURA DE JESÚS
La marcha en Matanzas de la venta directa de los productores
agrícolas a entidades turísticas, confirma los beneficios que esta
nueva modalidad comercial reporta al turismo y a los productores,
según información recogida entre algunos directivos del balneario de
Varadero, trabajadores de instalaciones hoteleras y campesinos de
unidades productivas de la provincia.
Alfredo
Abreu, presidente de la CCS Jesús Menéndez, muestra el cheque
recibido por las ventas de diciembre.
Para Amado Acosta, delegado del MINTUR en la provincia, aunque
todavía es muy temprano para formarse una opinión acabada, la venta
directa propicia dinamismo en la gestión comercial, así como la
calidad y frescura de los productos, dos de sus principales ventajas
desde que se diseñó.
"Veinte instalaciones hoteleras han firmado contratos con siete
formas productivas. El volumen de productos comercializados supera
las 20 toneladas. Ambas partes velan para que las cosas se hagan
bien, haciendo de los contratos la herramienta principal y decisiva
en esta relación."
Como novedad al fin —plantea—, no todo marcha con la rapidez que
quisiéramos. Ahora los directivos de los hoteles deben acercarse a
las unidades y es algo que está ocurriendo poco a poco.
Fernando
Cruz Muñoz, jefe de compras en el Sandals Royal Hicacos, está
entusiasmado con la posibilidad de adquirir estos productos
directamente de las formas productivas.
Explica también que han sugerido incentivar a las formas
productivas ubicadas en los territorios más cercanos al polo
turístico, como Boca de Camarioca, Cantel, Guácima, Humberto
Álvarez, Cárdenas, Coliseo y Máximo Gómez.
"Eso reduciría los gastos de transportación y las mermas. Hoy,
por ejemplo, el melón se trae de Pinar del Río. De poder comprarlo
aquí, el ahorro sería innegable", comenta.
Por otra parte, implica un reto, afirma. Nuestro turismo es
estacional y tenemos que poder contar con hortalizas y otros
productos durante todo el año, con un poco más de variedad.
"Creo que el éxito estará en cómo el MINTUR, junto con la
Agricultura y la ANAP, nos organicemos. Es un magnífico paso, pero
requiere de organización."
SE PODRÍA COMERCIALIZAR MÁS
En el hotel Sandals Royal Hicacos, Fernando Cruz nos muestra
algún volumen de piña y frutabomba que preservan en una de las
neveras. Está visiblemente entusiasmado con la novedad y la
excelente calidad de los productos contratados a las CCS Niceto
Pérez, de Calimete, y Nicomedes Nodarse, de Jovellanos.
El
consumidor final, junto con los hoteles y las bases productivas,
completan el trío de beneficiados con esta modalidad.
"Los adquirimos a un mejor precio. Llegan más frescos, con mejor
presencia y maduración natural. Hay buena aceptación por parte de
los clientes. Ganamos todos, los clientes, la forma productiva y el
hotel."
Hacemos dos compras semanales —explica—; pagamos, por ejemplo, el
kilogramo de piña a 5,40 pesos, y el de frutabomba, a 4,40, aunque
todavía son cantidades reducidas y no cubren nuestra demanda, ni en
cantidad ni en variedad de productos.
A su juicio, las formas productivas deben crear ciertas
condiciones que les permitan un crecimiento de su producción para
aprovechar aún más esta posibilidad.
Otra instalación turística complacida con la venta directa es el
complejo Acuazul. Ya hicieron compras de ocho renglones productivos
a las CCS Victoria de Girón y José Díaz, de Pedro Betancourt, según
informó Leonel Acanda, jefe de compra y mantenimiento de dicho
hotel.
"Intercambiamos visitas y luego de ponernos de acuerdo, firmamos
el contrato, el cual comprende productos como malanga, plátano,
yuca, frutabomba y arroz. Los clientes celebraron especialmente la
presencia de la llamada ciruela china, fruta exótica que hizo las
delicias de los turistas."
Son muy buenos los productos, antes, por ejemplo, aprovechábamos
muy poco de la piña y de la frutabomba compradas a Fruta Selecta,
refiere Miguel Luis Piña Conde, subdirector general del hotel Bella
Costa. Nos consta que otras CCS quieren acudir a hacer los contratos
y comercializar sus productos, pero los entorpece el tema del
combustible, acota.
SALVAR ESCOLLOS
Alfredo Abreu Otaño, presidente de la CCS Jesús Menéndez, de
Limonar, situada a unos 60 kilómetros de Varadero, firmó un contrato
con el hotel Sirena Coral y han realizado ventas en siete ocasiones.
"El precio nos favorece, es mejor que el de Acopio. Además, se trata
de un mercado seguro. Eso sí, debemos prepararnos mejor para cubrir
sus exigencias, sobre todo en variedad, sin excluir las frutas
exóticas como el mamoncillo, el canistel, la guanábana y la
chirimoya".
Entre los productos comercializados se cuentan guayaba, tomate,
boniato, yuca, calabaza y plátano vianda.
Concuerda Otaño con que la venta directa es de vital importancia
para el desarrollo de las fuerzas productivas en el país, pero
manifiesta sus inquietudes: "Nosotros apoyamos esta medida
provechosa para todos. El único problema es el aseguramiento de los
embalajes y el combustible, que a veces nos ha frenado el proceso.
Contamos con un camión que consume alrededor de 35 litros de
petróleo para ir hasta Varadero y la forma productiva no dispone de
un mecanismo legal para adquirir ese combustible fuera de CUPET".
Entusiasmado, Manuel Enrique Trujillo, productor de la
Cooperativa y con tierras ubicadas en el Valle de Guamacaro, asegura
que ya tienen en su poder el pago por las ventas realizadas en el
mes de diciembre. "Tenemos la mejor opinión del hotel y ellos de
nosotros. Ahora hace falta despejar el camino y ver cómo se
soluciona el asunto del combustible"; con lo cual concuerda Pedro
Rangel, administrador de la CPA Ramón Martell.
Según José Miguel Rodríguez, delegado de la Agricultura en la
provincia, ninguna preocupación en torno a esta experiencia se ha
dejado de analizar y el combustible es una de ellas. Las ganancias
deben porporcionarles a los productores los recursos para comprar el
combustible a precio de CUPET.
El acceso legal a este importante complemento del proceso
—mediante el cual se garantiza la transportación— no debe constituir
un inconveniente, pero tampoco una regalía.
Si el Estado entregara ese básico insumo, además de introducirse
como un elemento ajeno a la relación entre los empresarios, podría
prestarse también para la corrupción, no estaríamos haciendo una
verdadera contribución a la economía del país.
Sin duda, por lo desacostumbrada, es necesario continuar
prestándole atención al desarrollo de esta modalidad, sin pretender
que prevalezca la vieja idea de los subsidios para que la
comercialización entre las bases productivas con el turismo sea tan
directa como transparente. |