Una
insólita noticia llega a los habitantes de África: la industria del
cosmético L‘Oréal pretende aumentar su presencia en el continente.
Créanlo o no, los medios occidentales enarbolaban la información
como un logro, un recurso "indispensable" para los habitantes de ese
territorio, según directivos de la compañía.
Al parecer, tras la inseguridad financiera que azota Europa, la
multimillonaria empresa de afeites de belleza considera a la región
africana como un mercado "dinámico", y afirma que este será el
próximo escalón para "doblar la cifra de los mil millones de
consumidores".
Estos mercenarios de la baratija realizan todo un proyecto de
marketing y publicidad para afianzarse en la región más pobre del
mundo. Encubrir las barrigas vacías con polvos, cremas y colores no
es mala idea para quien quiere maquillar la realidad. El objetivo es
insertarse como prioridad, mientras llenan sus bolsillos a cambio de
la deseada belleza.
Las filiales en Nigeria y Kenia completan el primer paso hacia
una nueva expansión de L’Oréal por el continente, donde, según los
encargados del proyecto, "la mayoría de las mujeres dedican mucho
tiempo a la belleza". Por tanto, las ya instaladas peluquerías que
"obsequian" parte de sus productos —con una marca exclusiva para los
africanos (Softsheen-Carson)— piensan dar el puntillazo para hacer
la corte a los consumidores de la región.
Una estrategia bien trazada ¿no? Mujeres que retan la física con
sus bultos en la cabeza y sus crías en los brazos posan mejor ante
las cámaras, con L’Oréal como artífice de musas.
Los más pobres de la región no escapan a los planes económicos de
los poderosos. Uganda, Tanzania, Ruanda, Burundi, Etiopía... son el
principio de una nueva era que al parecer "resolverá" todos los
problemas del continente. La incitación al consumismo ahoga el grito
auxiliador de los habitantes de África, en el glamour de un brochazo
de L’Oréal.