Areneros de talla extra

ORTELIO GONZÁLEZ MARTÍNEZ

CHAMBAS, Ciego de Ávila.— Por el cauce de un antiguo río andan unos hombres de los cuales nadie habla. Será porque hacen más de lo que dicen. En los huecos de la cantera solo el buldócer, la excavadora, los camiones y tres personas andan en un mano a mano de trabajo.

Foto del autor Chory (a la izquierda), Danilo e Hipólito.

De ese lugar, conocido como arenera Van Troi, en este municipio avileño, durante el pasado 2011 salieron casi 55 mil metros cúbicos de arena lavada, suficiente para el sobrecumplimiento del plan asignado para la etapa.

La fábrica, única de su tipo en la provincia, es la encargada de suministrar el material a muchas obras de beneficio económico y social, aunque todavía algunos no reconozcan que tras la gran mayoría de los muros, mezclas y otros objetos de obra levantados en Ciego de Ávila e, incluso, en otras provincias, están "los magos" de la cantera.

Aquí todo tiene su ritmo. El Gallego (José Luis García Rodríguez) desbroza la capa vegetal con el buldózer, Danilo González Ramos carga el camión con su grúa Grand Light y Chory (Hipólito Ricardo Betancourt) traslada la carga. Cada uno tiene una manera de contar sus historias, siempre vinculadas con la arenera.

"Esta es Cachita Cuatro", dice Danilo, tan jaranero como celoso de su grúa. "Le puse el nombre de una enamorada que tuve en la zona. Esta es la cuarta versión de la grúa original. Ha estado en ‘terapia intensiva’, pero siempre la he sacado. De la original no queda casi nada. Ahora está fea y achacosa, pero obedece. Yo siempre estoy haciéndole algún trabajito para mantenerla en la extracción, que es lo más importante".

"A veces escasean las válvulas, los sellos, las bombas¼ Todo aquí funciona con aire. El motor está flojo, pero tiene fuerza para levantar el cubo y llenar el camión de Hipólito", describe.

"Cachita Cuatro" no es la preocupación mayor. La inquietud está en que Danilo tiene 59 años y, por mucho que ha intentado enseñar a otros, hoy no tiene quien opere la grúa. El relevo no está.

Ramón Milián Rodríguez, director de la arenera, quien nos acompaña en el recorrido, asiente. "Aunque tiene una salud de hierro, el día que se enferme o tenga algún problema familiar, la arenera podría paralizarse. Eso es responsabilidad nuestra, pero no hemos podido resolver la situación. Tenemos que trazar una estrategia para revertir el problema".

Muy vinculado a Danilo está el Gallego (José Luis García Rodríguez), de rostro enérgico pero humilde. Comenzó como buldocero hace 37 años. Su padre también lo fue antes de 1959, "cuando los hombres valían menos que los perros", dice.

Recuerda que en aquella época difunta sacaban la arena de forma manual, "con unos tenedores grandotes. La llevaban al lado del ferrocarril y la acarreaban con palas para encima de las góndolas del tren. Hoy nada de eso es así".

"En tiempos anteriores yo estuve en un C-100 antiguo. Aquello daba grima, con el temblequeo te desarmaba los huesos. En cambio, el buldócer que tengo ahora forma parte de las nuevas inversiones que han hecho en la arenera."

Chory (Hipólito Ricardo Betancourt), de pocas palabras, ha llegado para que Danilo y "Cachita Cuatro" le carguen el camión. Será el último viaje del día. No los cuenta. Son muchos y el control lo llevan sin equivocación en la arenera.

Hipólito ha sido buldocero y desde hace 26 años anda detrás del volante. El camión se ve bien cuidado y responde a las exigencias del trabajo en la mina; todo forma parte del engranaje perfecto para que haya producción de arena y poder cumplir el plan.

En la parte industrial, alejada de la mina, también son partícipes de los éxitos quienes operan la tolva receptora, el hidrociclón que lava el árido y evita la contaminación del medio ambiente, los que tienen que ver con las esteras transportadoras, el personal de economía¼ todos y cada uno de los 33 trabajadores de la arenera Van Troi.

Es un colectivo que comenzó por los hechos y no por la publicidad. "¡Jamás hemos salido por la prensa!", afirma Danilo. Y el reportero piensa que no caben en un reportaje las páginas escritas en el silencio de este alejado micromundo por los hombres humildes de las canteras.

 

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