Las casas de los palestinos son destruidas, mientras se edifican
industrias, carreteras, centros comerciales, escuelas y comunidades
cerradas con piscinas, solo para los israelíes.
Durante el 2011 se levantaron en Cisjordania unas 2 500 nuevas
casas para colonos israelíes, y se ampliaron los asentamientos en
Jerusalén Este, para acelerar ese proceso.
Según datos del Centro de Información Alternativa (AIC)
Palestina/Israel, si bien la ocupación física de la tierra se ha
cumplido, ya que casi la mitad de Jerusalén Este se encuentra en
manos de colonias, aún no hay mayoría judía, pues los colonos no
forman más que el 35 % de la población total de Jerusalén Oriental.
Si seguimos los estudios del profesor de la Universidad Hebrea de
Jerusalén, Sergio Della Pergola "los judíos tienen una media de 2,7
hijos, los palestinos cuatro.
¿Cómo contrarresta Israel la mayoría demográfica palestina? Pues
aislando físicamente a Jerusalén Oriental del resto de Cisjordania.
Según la especialista Luz Welles, también del Centro de
Información Alternativa, Israel tiene planes arquitectónicos
diseñados para separar Jerusalén Este de Cisjordania, algo que
frustraría la posibilidad de una solución política que incluya la
división de la ciudad y permita que Jerusalén Este sea capital del
Estado palestino. Para los palestinos, no habrá acuerdo de paz hasta
que Israel ceda el control de una parte de la ciudad.
La expropiación masiva de tierras constituye una política clara
de Israel. En general, el discurso público israelí no trata dichas
construcciones como asentamientos sino como barrios, considerándolos
totalmente legítimos. Pero, de acuerdo con el derecho y la comunidad
internacional, se trata de asentamientos ilegales, ya que se
construyeron más allá de la Línea Verde, en territorio ocupado.
Desde 1967, han perdido su derecho a residir en Jerusalén Este,
70 000 palestinos, de acuerdo con cifras del Comité Israelí contra
las Demoliciones (ICAHD, por sus siglas en inglés), una organización
no gubernamental que defiende los derechos de los palestinos que
viven en Jerusalén y Cisjordania.
Otro asunto importante que el Gobierno sionista sabe manejar muy
bien para llevar a cabo la limpieza étnica es la educación. Miko
Peled nació en Jerusalén, y aunque proviene de una renombrada
familia sionista, se convirtió en activista por la paz. Con
conocimiento de causa, explica cómo a través del sistema educativo
el gobierno de Israel se dedica a adoctrinar y producir soldados.
"El racismo requiere una mentalidad formada por la educación. A
fin de racionalizar y justificar la limpieza étnica, el sistema
educativo israelí presenta a los palestinos como culturalmente
inferiores, violentos e inclinados a la aniquilación de los judíos;
y al mismo tiempo, carentes de una verdadera identidad nacional. La
identidad nacional palestina no es más que el producto de alguna
imaginación antisemita", afirma.
Los niños israelíes son educados para ver a los palestinos como
un problema que debe ser resuelto y como una amenaza que debe ser
eliminada. Los palestinos son presentados como una amenaza
existencial mediante comparaciones absurdas, como la de Yasser
Arafat con Hitler y la de los palestinos con los nazis. Como los
niños israelíes nunca se encuentran con palestinos, lo único que
saben de ellos es lo que aprenden en la escuela.
Des-arabizar la historia de Palestina es un elemento crucial de
la limpieza étnica. Se banalizan 1 500 años de cultura y dominio
árabe y musulmán en Palestina; se destruye la evidencia de su
existencia.
Cualquier judío tiene el derecho, por la ley israelí "del
retorno", a inmigrar a Israel. Se lo llama "derecho de nacimiento",
aunque no hayan nacido allí. Sin embargo, todo palestino que nació
allí, pero que fue expulsado, no tiene derecho a retornar. Muchos de
ellos no tienen ni siquiera el derecho a visitar el país.
Estos privilegios no son la razón original del conflicto, pero
demuestran que Israel no está interesado en ponerle fin. Los
especialistas coinciden en que resolver el problema palestino es la
clave para conseguir paz en Oriente Medio. Para eso, Israel primero
debe respetar el derecho del pueblo palestino a existir y a tener un
Estado.