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Unas cuantas palabras de Eduardo Galeano
PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu
Nunca
pretendí entrevistar a Eduardo Galeano. Simple y llanamente acudí al
encuentro del célebre escritor —mal que le pese, responde a esa
categoría de seres que sufren el asedio mediático por su obra, su
trayectoria, sus opiniones— en un contexto relajado: entre egresados
y alumnos del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso,
fundado y dirigido en La Habana por Eduardo Heras León, una de las
más desafiantes y pródigas experiencias de las letras cubanas.
Se trataba de un reencuentro. El Chino Heras evocó cómo "el
Centro Onelio, que lo recibió en su última visita hace más de diez
años, y escuchó en aquella ocasión una inolvidable charla, envuelve
en un abrazo fraterno a este extraordinario escritor, narrador,
periodista, gran maestro del cuento breve, poeta de la prosa,
uruguayo universal, que nuevamente se reúne con nuestros alumnos
para regalarnos el placer de la palabra".
Dentro de pocas horas será noticia el discurso con el que el
autor de Memorias del fuego dejará instalado el jurado del
Premio Literario Casa de las Américas 2012. Pero no pude sustraerme
a la tentación de recrear momentos del encuentro del escritor con
los habitantes del taller docente de Quinta y 20 y otros, robados a
la conversación informal que sostuvimos luego con él junto al colega
y amigo Germán Piniella, en medio de los flashazos de las cámaras y
de una masiva petición de autógrafos. Algo de Galeano va en las
siguientes viñetas:
PARA QUIÉNES Y QUÉ SE ESCRIBE
Yo soy un recuperador de palabras, un juntador de historias.
Escucho las memorias de otros y las devuelvo en la escritura. Yo
escribo para comunicarme con los demás. Quise mucho a Juan Carlos
Onetti que, como sabes, es uno de los grandes escritores nuestros
del idioma. Era un hombre áspero, de pocos amigos. Creo haber sido
el único que compartía con él sus silencios y unos vinos
intragables, de esos que deberían llevar en la etiqueta una
recomendación para la cirrosis. Onetti me dijo que él escribía para
sí mismo. Y le dije que eso era mentira. ¿Por qué publicaba
entonces? Mejor me das tus manuscritos, te los envío por correo y te
conviertes en el único lector de lo que escribes. Se enfadó
muchísimo y señalándome la puerta, me condenó: "Vete y no vuelvas
más". Al día siguiente llamó por mí.
No me considero un escritor objetivo. Ese es un invento como el
de los géneros literarios, que proviene de una visión del mundo en
el que todo está parcelado: la emoción y la intelección, el alma y
el cuerpo, la razón y la imaginación. Parece que será muy difícil
armar pedazos y comprender, de una vez por todas, que en un mundo
caben muchos otros mundos.
UNA CARTA DE AMOR
A un amigo mío, en un café de Cali, se le acercó un hombre y le
dijo: "Me han dicho que usted es escritor". "Ah, sí." "Quiero
entonces que usted escriba una carta de amor para ella". Mi amigo
indagó: "¿Y qué le quiere decir". El hombre respondió: "Si supiera,
no le pediría a usted que me escribiera la carta". De modo, que sin
conocer a la destinataria ni lo que el enamorado a ciencia cierta le
hubiera querido escribir, mi amigo puso manos a la obra. A los pocos
días, el hombre se acercó y respiraba feliz. "Gracias, usted
escribió justo lo que yo quería decirle a ella". Mi amigo era
Enrique Buenaventura, uno de los tipos más estupendos que ha dado el
teatro en Colombia y América Latina".
CHÁVEZ, OBAMA Y LAS VENAS ABIERTAS
Cuando Hugo Chávez, en una reunión de mandatarios en Puerto
España, le dio un ejemplar de Las venas abiertas de América
Latina al presidente Obama, vi aquello como un acto simbólico.
El ejemplar estaba en español. Luego pensé que podía haberle
entregado una de las 38 ediciones que del libro han salido en
inglés. Pero no, lo que Chávez quería lo logró: mostrarle que había
otro mundo en América Latina muy distinto al que Estados Unidos ve
en nosotros. Por cierto, que la traducción al inglés la hizo un
hombre que descendía de los fundadores de Hollywood, un aristócrata,
la oveja roja de la familia. Un hombre muy inteligente que había
aprendido el castellano en Cuernavaca. Un hombre que discutía
conmigo algunos pasajes de lo que yo había escrito con cierto enojo,
cuando no estaba de acuerdo con lo que yo decía. Recuerdo que me
recriminó mi admiración por Charles Chaplin. Sencillamente al hombre
no le gustaba Chaplin.
Al repasar el episodio de Chávez con Obama y Las venas
abiertas¼ , recuerdo que muchos vieron en la ascensión de este a
la Casa Blanca como un hecho positivo. En uno de los países donde
con más saña se ha ejercido el racismo y la discriminación, un negro
en la silla presidencial. Sin embargo, ya desde la campaña electoral
se apreciaba que su discurso era al fin y al cabo la continuación
del discurso de los presidentes imperiales. Y luego, mire usted, le
dan el Nobel de la Paz y lo agradece con un discurso sobre la
guerra. Recordé también a Fernando Ortiz, que al regreso de su
estancia juvenil en Baleares, se dice que escuchó de su padre la
historia de alguien que había visto a un hombre delgado, de andar
inquieto, entradas incipientes en el cráneo y había comentado: "Ese
parece blanco, pero es negro por dentro". El individuo era nada
menos que José Martí. Con Obama ocurre todo lo contrario: negro por
fuera, pero blanco, muy blanco por dentro.
CALENDARIO MAYA
En la Casa de las Américas, el martes 17, leeré textos del libro
que su editora acaba de publicar en Cuba, Espejos, pero
también de mi más reciente criatura, un libro que pronto será
publicado: Los hijos de los días. Es un calendario, a cada
día le corresponde una historia. Cada una de ellas la escribí no
menos de 30 veces, te puedes imaginar. La idea nació de mi encuentro
con la cultura maya, en Guatemala, experiencia que formó parte de
una obra anterior. No sé cómo sobreviví a la Guatemala de la época,
donde campeaban los escuadrones de la muerte, con tal impunidad que
marcaban cruces en las puertas de las casas de los que iban a matar
al día siguiente. Para los mayas el tiempo funda el espacio. Se
adelantaron a Einstein.
FÚTBOl, BéISBOL Y TANGO
Creo en la diversidad, menos en una cosa: el fútbol. Ahí soy
fundamentalista. Solo entiendo el fútbol. Nunca me he atrevido con
el béisbol, demasiado complicado para mi comprensión. ¿Mi equipo? El
Nacional. Anduvo de capa caída pero ha repuntado. En Estados Unidos,
ese deporte está mucho más extendido que en los hombres, pese al
Mundial que se jugó allí y los resultados de su selección. Con fina
ironía, un comentarista norteamericano al que conocí, sentenció: "El
fútbol aquí, en cualquier presente, siempre será un deporte del
futuro".
¿Tangos? Bueno, vengo y vivo la cultura del tango. Solo con un
reparo: debo admitir que el tango es una de las cosas más machistas
que han existido.
LA INDIGNACIÓN ES INFINITA
Estuve con los indignados en Madrid y Barcelona. Para mí esa
indignación es una prueba de dignidad. Uno de ellos me preguntó
cuánto pensaba yo que iría a durar el movimiento. Respondí que el
amor era infinito mientras durase. Pienso me entendió. |
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