Magalys disfruta lo que hace

PASTOR BATISTA VALDÉS

JESÚS MENÉNDEZ.—Quienes conocen a Magalys Chacón Gallego suelen imaginarla encima de ese camión ZIL 130, el mismo que volverá a ser, en unos días, compañero inseparable, mientras ella se entregue a la zafra azucarera por vigésimo sexta ocasión, para remolcar toneladas de caña aferrada al volante, entre las plantaciones y caminos del norte tunero.

Foto del Autor “Mi familia es la razón de ser y la inspiración que tengo cada día para realizar bien mi trabajo”, afirma Magalys.

Algo me hace pensar, en cambio, que quienes ya la han visto así, en intensa actividad, unas veces por la televisión, otras ocupando merecido espacio en la prensa escrita, agradecerán la novedad de esta otra foto, no menos reveladora de su grandeza interior, mientras celebraba con la pequeña nieta en brazos el nuevo enero de victoria, en compañía de miles de tuneros.

"Por lo general, la gente opina que conducir un carro con remolque es demasiado duro para una mujer. Y, hasta cierto punto, lo es. Pero yo siento que puedo hacerlo, sobre todo cuando pienso en mi familia o en mi esposo Héctor Aguilera, quien ya suma 33 años encima de una combinada y no hay quien lo haga retroceder.

"Lo importante es sentirse útil, tener salud, fuerzas y disfrutar lo que haces. Por eso mi ZIL 130 y yo somos uno solo; me doy cuenta de lo más mínimo en su funcionamiento. Llevamos 20 años juntos. Solo he tenido dos camiones en toda mi vida laboral".

No por casualidad, cuando en mayo de 2011 la infeliz decisión de un jefe intermedio pretendió despojar a Magalys de ese entrañable equipo y echar por tierra la dicha laboral vivida durante un cuarto de siglo, "por poco tiembla la tierra" y, sin que ella moviera un solo dedo, se hizo inmediata justicia.

La humilde camionera ha cimentado a giro de volante la familia que hoy tiene, la alegría de ver a su hija ofreciendo ayuda médica en tierra venezonalana, tres lustros como Vanguardia Nacional, 14 años en el Comité Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas y, desde el 2008, es diputada al Parlamento cubano...

En ningún caso, sin embargo, la vanidad ha encontrado espacio en su interior, ni siquiera cuando los nietos saltan hasta su cuello y la aprietan con todas sus fuerzas para susurrarle que ellos tienen a "la mejor abuela del mundo".

"Yo solo he hecho y sigo haciendo lo mínimo que puede una cubana agradecida —reitera mientras acaricia suavemente las manos de su nieta Yocavis—, y si alguna tranquilidad siento es la de saber que mañana, cuando mis nietos les hablen de mí a su hijos podrán decirles que su abuela le entregó a Cuba todas sus energías encima de un camión, y que nunca quiso dejar de ser obrera".

 

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