Algo me hace pensar, en cambio, que quienes ya la han visto así,
en intensa actividad, unas veces por la televisión, otras ocupando
merecido espacio en la prensa escrita, agradecerán la novedad de
esta otra foto, no menos reveladora de su grandeza interior,
mientras celebraba con la pequeña nieta en brazos el nuevo enero de
victoria, en compañía de miles de tuneros.
"Por lo general, la gente opina que conducir un carro con
remolque es demasiado duro para una mujer. Y, hasta cierto punto, lo
es. Pero yo siento que puedo hacerlo, sobre todo cuando pienso en mi
familia o en mi esposo Héctor Aguilera, quien ya suma 33 años encima
de una combinada y no hay quien lo haga retroceder.
"Lo importante es sentirse útil, tener salud, fuerzas y disfrutar
lo que haces. Por eso mi ZIL 130 y yo somos uno solo; me doy cuenta
de lo más mínimo en su funcionamiento. Llevamos 20 años juntos. Solo
he tenido dos camiones en toda mi vida laboral".
No por casualidad, cuando en mayo de 2011 la infeliz decisión de
un jefe intermedio pretendió despojar a Magalys de ese entrañable
equipo y echar por tierra la dicha laboral vivida durante un cuarto
de siglo, "por poco tiembla la tierra" y, sin que ella moviera un
solo dedo, se hizo inmediata justicia.
La humilde camionera ha cimentado a giro de volante la familia
que hoy tiene, la alegría de ver a su hija ofreciendo ayuda médica
en tierra venezonalana, tres lustros como Vanguardia Nacional, 14
años en el Comité Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas y,
desde el 2008, es diputada al Parlamento cubano...
En ningún caso, sin embargo, la vanidad ha encontrado espacio en
su interior, ni siquiera cuando los nietos saltan hasta su cuello y
la aprietan con todas sus fuerzas para susurrarle que ellos tienen a
"la mejor abuela del mundo".
"Yo solo he hecho y sigo haciendo lo mínimo que puede una cubana
agradecida —reitera mientras acaricia suavemente las manos de su
nieta Yocavis—, y si alguna tranquilidad siento es la de saber que
mañana, cuando mis nietos les hablen de mí a su hijos podrán
decirles que su abuela le entregó a Cuba todas sus energías encima
de un camión, y que nunca quiso dejar de ser obrera".