Mientras saltan entre las ruinas de los edificios
destruidos por el terremoto o entre los charcos de aguas albañales,
miles de niños haitianos parecen olvidar la tragedia que vivieron
hace dos años.
Algunos de ellos, los más pequeños, probablemente ya
no recuerdan aquella tarde del 12 de enero de 2010, pero los otros,
los mayores, tal vez nunca olvidarán los segundos en que todo tembló
y Puerto Príncipe se convirtió en una ciudad en ruinas.
Hoy, vísperas del segundo aniversario de aquel día,
estos menores son tal vez las principales víctimas del sismo y de la
indolencia de dos años después.
Algunos cientos de ellos todavía no conocen qué es
tener un hogar, pues viven desde su nacimiento en campamentos para
damnificados, donde radican sus padres junto a más de 500 mil
personas.
Una gran parte de ellos perdió a toda su familia con
el temblor, y viven hoy con vecinos o en instituciones benéficas,
otros fueron adoptados tras turbios mecanismos, u obligados a la
servidumbre doméstica, o la prostitución.
Muchos se cuentan entre los sobrevivientes del
cólera, otros tantos, por la misma dolencia, no llegarán nunca a
adultos.
La Unicef denunció el pasado lunes que pese a
algunas notables mejoras, más de cuatro millones de menores
haitianos tienen opciones limitadas para su supervivencia,
desarrollo y protección.
De acuerdo con esa agencia de Naciones Unidas, la
situación de la infancia aquí es todavía preocupante.
Más de 45 por ciento de la población haitiana sufre
inseguridad alimentaria, según datos oficiales, y gran parte de las
víctimas de este flagelo son, otra vez, los menores.
Así, Haití está en una situación cada vez más
frágil, acosado por la pobreza crónica y el subdesarrollo, con el
futuro embargado por la tragedia de estos niños, que esconden su
dolor mientras juegan descalzos entre los escombros de Puerto
Príncipe, informó PL.