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Bajo el signo de Vicente
AMADO DEL PINO
Pocos
magisterios tan largos, coherentes y diáfanos como el de Vicente
Revuelta en nuestro teatro contemporáneo. En los últimos años, este
hombre silencioso que acaba de morir no era casi nunca noticia. Su
talento, cultura, el don de entrar y salir de las diversas
tendencias y escuelas para sumarlas al caudal de nuestra escena
venían desde finales de la década del cuarenta. Impresiona comprobar
que no llegaba a los 30 años cuando dirige una puesta en escena que
estremeció La Habana de los cincuenta, aquel Viaje de un largo
día hacia la noche.
En
otra ocasión he confesado que el único creador que he conocido que
me ponía "nervioso" con su presencia, de tanto admirar a un hombre
que nos ubicó en la contemporaneidad teatral. Ahora me viene a la
memoria una revista Tablas de hace unas tres décadas, en la que se
hizo una encuesta sobre las puestas en escena más importantes de un
largo periodo y de la veintena de espectáculos unos diez fueron
dirigidos —y algunos de ellos protagonizados— por Revuelta. Mi
generación no asistió a ese momento culminante de toda nuestra
historia teatral que se ubica en el montaje de La noche de los
asesinos, el internacionalmente conocido texto de José Triana.
Sí disfrutamos el derroche de equilibrio, gracia, sentido de la
espectacularidad de El precio, de Miller, o la vuelta en
redondo hacia la intimidad de En el parque, de Guelman. En la
obra de Miller dando un recital estremecedor con los variados
registros como intérprete; en la pieza del ruso conduciendo con mano
virtuosa el desempeño de un Adolfo Llauradó en la plenitud de su
carrera y una Alina Rodríguez que daba sus primeros y firmes pasos.
Brecht y Stanislavski —influencias asumidas y enfrentadas en un
momento inicial de nuestra historia teatral— fueron incorporadas al
caudal de Vicente con la naturalidad de los auténticos talentos. Con
un texto de Brecht, El alma buena de Sechuan, funda las bases
de la legendaria compañía Teatro Estudio. En Galileo Galilei
logra juntar de nuevo la eficacia del director con la grandeza del
intérprete. Asistir a una y otra función de Galileo... en la
legendaria sala Hubert de Blanck fue la mejor "asignatura" para los
que comenzábamos la carrera de Teatrología, por el casi remoto 1977.
Sobre el escenario comprobábamos la técnica, el entrenamiento, la
gracia; pero también —y acaso sobre todo— un sentido ético, hondo,
trascendente del hecho teatral y su diálogo con las ideas y la vida
del hombre. Y del entrar y salir de Vicente de la ortodoxia
stanislavskiana se nutre la más robusta tradición del arte de la
actuación en Cuba.
Habrá que seguir estudiando su fecundo legado. Es este de los
casos en que el hombre es sobre todo su obra. Caminaba por 23 hacia
alguna tarde de Cinemateca y costaba sacarle muchas palabras si te
lo encontrabas en el teatro. Tampoco había que pedirle demasiada
locuacidad ni declaraciones enfáticas a quien nos deja tanto escrito
en el palpitar —fugaz, pero sostenido en la leyenda— de la vida de
los escenarios y en la continuidad de un teatro que tiene en su
faena fundacional una raíz esencial e imprescindible.
Despedida a un gran hombre de la escena
En la mañana de ayer, 10 de enero, falleció en la capital Vicente
Revuelta, una de las figuras más prestigiosas e importantes en la
historia de las tablas cubanas. Nacido en La Habana, el 5 de junio
de 1929, comenzó su carrera artística con apenas 7 años de edad,
participando en concursos de aficionados y programas de radio. Su
trayectoria actoral se inició en la obra Prohibido suicidarse en
primavera, bajo la dirección de Alejandro Casona en 1946.
Ingresó en la Escuela Municipal de Arte Dramático y
posteriormente en el Patronato de Teatro y en el Teatro
Universitario. En 1950 formó parte del Grupo Escénico Libre, donde
dirigiera su primera obra El recuerdo de Berta, de Tennessee
Williams.
En 1952 viajó a París, donde continuó su formación. A finales de
1954 regresó a Cuba y se unió a la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo.
En 1958 fundó, junto con su hermana Raquel, el grupo Teatro Estudio,
emblemático colectivo que exhibió lo mejor y más avanzado del
repertorio teatral cubano e internacional.
A partir de 1959 dirigió múltiples obras y participó como actor
en varias de sus puestas en escena y en diversos filmes. El cine lo
recuerda entre los protagonistas de Los sobrevivientes, de
Tomás Gutiérrez Alea.
Notable fue, además, su labor docente en varios grupos e
instituciones culturales y en el Instituto Superior de Arte, centro
que le otorgara el Reconocido Doctor Honoris Causa en Arte.
Considerado como uno de los más relevantes actores y directores
artísticos de toda América Latina, su pérdida deja un insustituible
vacío para el teatro y la cultura cubanos. Su sepelio tendrá lugar
en la Necrópolis de Colón hoy miércoles a las 8:20 a.m. |