Desde 1991, los Warlords pasaron a ser los reyes del territorio,
pues sus fuerzas bien armadas implantaron un terror anárquico en
todo el territorio a través de la fuerza. Sus tropas se dedicaron al
hurto, gravámenes ilícitos, secuestros, contrabando de ganado¼ e
incluso, comerciaron con más del 85 % de los alimentos destinados
por la ONU, como ayuda al país.
Por otra parte, en 1992, Estados Unidos lanzaba una "intervención
humanitaria" al mando de George Bush padre y continuada por Bill
Clinton. La operación "Restaurar la esperanza" anclaba a los marines
estadounidenses en territorio somalí. Los hechos sirvieron para otra
película fantástica de Hollywood, ya que las imágenes eran
transmitidas en vivo, como un reality show.
Los soldados americanos quedaron indefensos ante el pueblo que se
lanzó con furia contra la intervención extranjera. En 1995, con las
tropas estadounidenses desgastadas, la ONU toma las riendas con la
aprobación del Consejo de Seguridad, pero intervinieron las Cortes
Islámicas para acabar con los cascos azules en solo meses.
El acontecimiento de las tropas derrotadas fue presentado ante el
mundo como una barbarie. Las cadenas de televisión no dejaban de
transmitir las imágenes de 18 soldados americanos arrastrados por
las calles de Mogadisco, pero se olvidaron de difundir los 10 mil
—entre hombres, mujeres y niños— que perecieron ante la metralla,
violación y tortura de los "nobles" mediadores.
En 1996, surgió la Unión de Tribunales Islámicos, con su base
social en clérigos, juristas, trabajadores, fuerzas de seguridad y
comerciantes. Por cierto tiempo lograron estabilizar y limpiar la
capital de todo mal. Algunos hasta empezaban a soñar con un futuro
de posibilidades, un nuevo comienzo. Lograron servicios básicos de
atención sanitaria y educación, aportaron estabilidad a la sociedad
civil. Los puertos marítimos y los aeropuertos volvieron a abrirse
para el tráfico comercial. Fueron creadas cocinas colectivas y
escuelas primarias para atender a gran número de refugiados,
campesinos desplazados y pobres.
Como consecuencia se desintegró el grupo de los Señores de la
Guerra. Algunos se unieron a las tropas islámicas, y otros se
mantuvieron escondidos hasta que fue formado, más adelante, el
Gobierno de Transición.
Según Mohamed Hassan, analista de Oriente Medio y África, a
Estados Unidos no le convenía que Somalia se estabilizara. Si las
Cortes Islámicas mantenían el terreno y creaban un gobierno
permanente, perderían el control en esa región, posición fundamental
para el comercio marítimo y yacimientos minerales.
Los últimos cuatro años de la década de los noventa fueron los
peores para la población civil. Mercenarios de Etiopía, Burundi y
Uganda al servicio de Estados Unidos lucharon intensamente contra
los Islámicos. Los soldados de Washington se presentaban como el
Gobierno Federal de Transición (GFT), y justo después de los
atentados del 11/9, Bush —hijo— sacudía a bombas el territorio con
el pretexto de encontrar a un viejo fantasma que él manejó a su
antojo, Al Qaeda. Situación que fue transmitida a Obama, Premio
Nobel de la Paz, y a mediados del 2011, permanece en su búsqueda,
con sus aviones no tripulados a sonido de cañón.
Estados Unidos ha proporcionado —durante los noventa— al ejército
del gobierno de transición, más de 80 toneladas de armas. Los
bombardeos persisten en diversas regiones de la zona con la ayuda de
milicias extranjeras. A pesar de todo, las Cortes Islámicas
mantienen el control de poco más del 60 % de Somalia, dejando solo
al GFT una mínima parte de la ciudad.
Según organizaciones gubernamentales, las cifras de muertes por
la guerra ya supera el millón de somalíes y más del 40 % de la
población ha emigrado a países vecinos.
Poco le importa a Estados Unidos que Somalia logre un tratado de
paz. Prefieren manejar a su antojo los hilos del gobierno de
Transición —aunque no logren obtener completamente el poder— para
así mantener al país en un holocausto interminable. ¿Objetivo?
restaurar la "esperanza". ¿Cuál?...