Unas 438 mil personas dejaron de ser pobres en Ecuador en el
último quinquenio (2006 y 2010), por el esfuerzo sostenido en busca
de mayor equidad, afirmó el secretario de Planificación y Desarrollo
(Senplades), Fánder Falconí.
En 2010, según la encuesta nacional de empleo y desempleo urbana
y rural del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), la
pobreza total medida en este país por las personas que reciben
ingresos menores de 2,3 dólares diarios, fue de 32,8 por ciento,
reporta Prensa Latina.
Esa cifra porcentual refleja una disminución de 4,8 puntos
respecto a 2006, cuando la pobreza por ingresos fue de 37,6 por
ciento, subraya Falconí en su artículo titulado ¡Urgente equidad!,
en la más reciente edición digital del diario El Telégrafo.
Coincide con estos logros el reciente informe Pobreza,
desigualdad y percepciones sobre el mundo del trabajo en América
Latina, difundido por la Comisión Económica para América Latina y el
Caribe en 2011, subraya el académico y excanciller ecuatoriano.
Hay otro éxito sustantivo: la pobreza nacional rural cayó de 60,6
a 53 por ciento en el mismo período, enfatizó el también miembro del
Buró Político del gobernante Movimiento PAIS.
Se configura, así, explicó el titular de Senplades, un nuevo
patrón de acumulación y régimen de regulación, en el que las crisis
económicas no implican retrocesos en pobreza y desigualdad (dos
conceptos diferentes), como en el pasado.
La desigualdad o la concentración del ingreso en los ricos
requiere tiempos más largos para ser disminuida, porque conlleva,
incluso, problemas culturales, de educación, precisó.
Tal desigualdad es una característica de la historia de América
Latina, región donde existen las mayores diferencias entre pobres y
ricos del planeta, recordó, al citar como fuente el informe del
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo del 2010.
Mayor equidad para América Latina supone un marco de convivencia
democrática, en el cual se procesen los conflictos sociales y los
disensos políticos, y también, agregó, un tratamiento político y
técnico de las debilidades estructurales heredadas.
Sin duda, subrayó, es mejor invertir en obra pública, educación y
salud que seguir atados al pago de la deuda externa o sujetarnos a
las políticas del Fondo Monetario Internacional, inequitativas por
antonomasia.
Los buenos resultados de Ecuador no son el único argumento para
reimpulsar un cambio de régimen de acumulación y de modelo de
Estado.
Es evidente, agregó Falconí, que las soluciones a los problemas
de la vida cotidiana (inseguridad, desempleo, insalubridad, atención
médica, exclusión, discriminación, migración) reclaman acciones
urgentes en materia de equidad.