Arturo, quien también destaca por su liderazgo entre las bandas
norteamericanas del género, hizo las anteriores declaraciones
durante su reciente participación en el Festival Jazz Plaza 2011.
"Mi padre —dijo— trató siempre de borrar fronteras para defender
lo suyo, de ahí que escribiera música clásica, compuso sinfonías y
música de cámara, pero con un sabor cubano. Ahí están sus piezas
Afrocuban Jazz Suite y Tres danzas cubanas. Esa música no
es mía, es de ustedes."
De padre irlandés y madre alemana, Chico nació en Cuba en 1921
donde estudió música guiado por el inolvidable Félix Guerrero.
Comenzó la carrera de derecho pero su vocación musical pudo más.
Completó su orientación cuando vivió en Estados Unidos entre 1936 y
1940. Supo entonces que el jazz y los géneros cubanos tenían mucho
en común.
De nuevo en Cuba, trabajó con el maestro Armando Romeu en la
orquesta de Tropicana hasta que se instaló a fines de los 40 en
Estados Unidos. Irrumpió en la escena jazzística de Nueva York
cuando el clarinetista sueco Stan Hasselgard le presentó a Benny
Goodman, por entonces consagrado como el rey del swing. Godman le
encargó unos arreglos para una sesión discográfica que debía hacerse
para la Capitol y quedó impresionado por el talento del joven
cubano. Luego escribió arreglos para Machito, Miguelito Valdés, Stan
Kenton (Cuban Episode) y Dizzy Gillespie (Suite Manteca).
En la memoria de su hijo Arturo están los afanes de su padre por
concebir el acto de creación musical con el mayor rigor del mundo:
"Él me inculcó que escuchar y aprender de la música popular es tan
importante como hacerlo con Brahms, Beethoven y Stravinski. Este
último, me confesó, utilizaba recursos que le fueron muy útiles".
Todo parece indicar que el hijo se miró en el espejo del padre
para crecer y hacerse un nicho propio en la música. Nacido en México
pero con su vida afincada en los medios latinos de EE.UU., Arturo es
uno de los más reconocidos jazzistas del ámbito neoyorquino. En el
2009 ganó el Grammy al Mejor Álbum de Jazz Latino con Song for
Chico.
Arturo también sueña en grande: "Estoy trabajando en la idea de
hacer una orquesta nueva, donde estén los músicos de mi Orquesta de
Jazz Afrolatino y los de Wynton Marsalis y la Orquesta de Jazz del
Lincoln Center de Nueva York. Será un intercambio educativo donde se
unan músicos jóvenes de acá con los de mi país, maestros de aquí con
los de allá, donde confluyan además músicos de otros países para
hacer música universal sobre la base de la música afrocubana, del
latin jazz.
Y sueña más: "Quisiera venir un año o dos y pasármelo entre
ustedes, descubriendo mis raíces que no son otras que las de mi
padre. Hablar con quienes lo conocieron, compartir su música con
músicos que hoy interpretan sus temas. Nutrirme del mismo elemento
de la música cubana que lo ayudó a formar su estética, su forma de
pensar y de hacer música. El genio principal de mi padre fue que
siempre hizo lo que la música le dijo que hiciera".