Según relató a Granma, fue durante el XI Festival Mundial
de la Juventud y los Estudiantes, celebrado en La Habana en 1978, y
al que asistió el entonces presidente angolano y amigo de Cuba
Agostinho Neto, que conoció de la solicitud de ayuda cubana para
colaborar en el proceso de alfabetización que se gestaba en la
nación africana.
En ese momento, muchos de los jóvenes que luego partimos de
misión no contábamos aún con experiencia frente a las aulas, evocó
Rodríguez Piñeiro. Yo, por ejemplo, estudiaba el primer año en la
especialidad de Historia y Ciencias Sociales en el Instituto
Superior Pedagógico Rafael María de Mendive, de Pinar del Río, hoy
Universidad de Ciencias Pedagógicas, cuando Fidel nos planteó esta
necesidad.
Por ello, comentó, antes de partir nos preparamos de forma
intensiva en todas las materias y disciplinas que debíamos impartir
en Angola, asesorados por profesores del Instituto Superior
Pedagógico Enrique José Varona de la capital, donde también
recibimos el primer semestre de clases correspondiente al segundo
año de la especialidad, incluyendo en el plan de estudio el idioma
portugués y la asignatura de preparación militar.
Junto a estudiantes de todo el país, Rodríguez Piñeiro integró el
contingente internacionalista Che Guevara, el cual, dividido en
varios destacamentos, permaneció en distintas provincias angolanas
desde 1978 hasta 1987 aproximadamente. En mi caso, precisó, fui
miembro del segundo grupo y trabajé allá desde 1979 hasta 1981.
En casi tres años participamos en la educación de adolescentes y
adultos, y pudimos palpar los problemas económicos latentes en el
pueblo africano. Vimos también cuánto quieren a los cubanos allá y
cuánto nos agradecían lo que estábamos haciendo.
Esa misión nos hizo crecer como profesionales, como
revolucionarios, y sobre todo, como seres humanos: confieso que mi
vocación y mi amor por el magisterio se definieron mientras cumplía
aquella tarea, de eso estoy segura luego de casi 30 años de trabajo
en el sector.