Angola me hizo crecer como ser humano

Entrevista a Luisa Josefa Rodríguez Piñeiro, quien cumplió misión internacionalista como profesora en el país africano

OLGA DÍAZ RUIZ
olga@granma.cip.cu

En más de 50 años de enseñanza revolucionaria, el quehacer de los educadores cubanos ha multiplicado saberes en distintos puntos de la geografía mundial. Constancia de ello constituye el testimonio de Luisa Josefa Rodríguez Piñeiro, hoy profesora de Filosofía y Sociología en la Facultad de Cultura Física de la provincia de Pinar del Río, quien con apenas 20 años cumplió misión internacionalista en Angola, en el sector de la Educación.

Foto: Cortesía de la entrevistadaRodríguez Piñeiro (detrás, tercera de izquierda a derecha) junto al grupo que trabajaba en Ndalatando, Kwanza Norte.

Según relató a Granma, fue durante el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, celebrado en La Habana en 1978, y al que asistió el entonces presidente angolano y amigo de Cuba Agostinho Neto, que conoció de la solicitud de ayuda cubana para colaborar en el proceso de alfabetización que se gestaba en la nación africana.

En ese momento, muchos de los jóvenes que luego partimos de misión no contábamos aún con experiencia frente a las aulas, evocó Rodríguez Piñeiro. Yo, por ejemplo, estudiaba el primer año en la especialidad de Historia y Ciencias Sociales en el Instituto Superior Pedagógico Rafael María de Mendive, de Pinar del Río, hoy Universidad de Ciencias Pedagógicas, cuando Fidel nos planteó esta necesidad.

Por ello, comentó, antes de partir nos preparamos de forma intensiva en todas las materias y disciplinas que debíamos impartir en Angola, asesorados por profesores del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona de la capital, donde también recibimos el primer semestre de clases correspondiente al segundo año de la especialidad, incluyendo en el plan de estudio el idioma portugués y la asignatura de preparación militar.

Junto a estudiantes de todo el país, Rodríguez Piñeiro integró el contingente internacionalista Che Guevara, el cual, dividido en varios destacamentos, permaneció en distintas provincias angolanas desde 1978 hasta 1987 aproximadamente. En mi caso, precisó, fui miembro del segundo grupo y trabajé allá desde 1979 hasta 1981.

En casi tres años participamos en la educación de adolescentes y adultos, y pudimos palpar los problemas económicos latentes en el pueblo africano. Vimos también cuánto quieren a los cubanos allá y cuánto nos agradecían lo que estábamos haciendo.

Esa misión nos hizo crecer como profesionales, como revolucionarios, y sobre todo, como seres humanos: confieso que mi vocación y mi amor por el magisterio se definieron mientras cumplía aquella tarea, de eso estoy segura luego de casi 30 años de trabajo en el sector.

 

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