El
divorcio calidad-precio, así como la venta ceñida solo a bolsas de
uno o tres kilogramos, cuando el consumidor prefiere formatos
menores, destacan entre las principales inconformidades de la
población capitalina respecto a la galleta de sal que en la primera
mitad de este año comenzó a venderse de forma liberada, a precios
sin subsidio.
En ocasiones, los paquetes llegan abiertos a la unidad de venta;
en otras, llegan quemadas o mal cocidas, señaló una de las
despachadoras de este producto en el Mercado de 23 y 10 en el
Vedado.
Hasta hace muy poco tiempo la Empresa Cubana de Molinería era la
encargada de producir toda la galleta que se distribuía para el
consumo normado en la capital, a precios subsidiados, explicó María
Victoria Rabelo, su directora. Y aunque ahora esa entidad no produce
el alimento, sí abastece de harina de trigo a las diferentes
panaderías, dulcerías y galleteras (materia prima que el Estado
subsidia en este 2011 por un valor de 20 millones de CUC).
El director de la Empresa Provincial de la Industria Alimentaria
(EPIA) en La Habana, José Chamizo Castro, explicó que en estos
momentos esa agrupación asume la dirección de la Empresa
Panificadora (EP), entidad encargada de fabricar las bolsas de
galleta de uno y tres kilogramos, que se expenden de forma liberada
por un valor de 25 y 60 pesos, respectivamente.
Para la venta liberada a la población la EP elabora mensualmente
más de 200 toneladas de ese producto, siguiendo la misma carta
tecnológica (formulaciones para la elaboración) de la galleta que
antes se distribuía para la canasta básica, un dato que confirmó a
Granma la viceministra de la Industria Alimentaria, Iris
Quiñones.
Precisamente el distanciamiento que en el caso de la galleta han
tomado precio y calidad, ha redundado en que durante los últimos
seis meses en la capital solo se vendiera el 60 % de las
producciones, a pesar de que en mayo solo existían 160 puntos de
venta y al cierre de octubre esta cifra se había duplicado.
Pero ¿qué sucede cuando la galleta ubicada en las unidades de
comercio se acerca a su vencimiento? Se abren las bolsas —sobre todo
las de 60 pesos, que resultan las de menor comercialización— y el
producto se vende a 10 pesos la libra, con lo cual se evita que este
producto se convierta en alimento animal, respondió Eduardo Díaz
Pérez, director de la EP.
Tal acotación hace pensar que un correcto estudio de la demanda
hubiese indicado a unidades productivas y comercializadoras los
intereses y necesidades de la población, que muchas veces no puede o
no quiere adquirir paquetes de un mayor formato como el de 60 pesos.
Otra evidencia es la creciente aceptación de productos más
económicos y de probada mejor calidad, como las llamadas galletas
panaderas que oferta la EPIA en las diferentes panaderías.
Al visitar una de las plantas de la EP, ubicada en el municipio
10 de Octubre, Granma conversó con Digna del Carmen,
representante del sindicato en La Única, quien explicó que al
encarecerse el producto y disminuir la comercialización se afecta al
trabajador directo a la producción.
Allí, los obreros solo cobraron estimulación hasta mayo —cuando
aún se cumplían los planes de venta— algo que ahora no sucede por
falta de demanda. Incluso se han marchado para su casa interruptos,
mientras aún queda materia prima en la fábrica y la maquinaria está
en funcionamiento.
Dos meses atrás había tanta galleta sin salida, que "la fábrica
estaba llena" y se debieron almacenar los sacos de productos
terminados, incluso fuera de los locales establecidos, señala
Geovanni Betancourt director de esa entidad.
A pesar de ser "La Única", hubo más de una debilidad detectada en
el proceso de producción de la galleta de sal. Se constataron
dificultades con la tecnología.
En sus minutos de descanso, Joel Pérez, uno de los horneros de La
Única, precisó que el timer —regulador de tiempo del horno—
está roto desde hace varios años y de la pericia y responsabilidad
de quien trabaje depende que el alimento no se queme o quede mal
cocido.
Por su parte, Lídice Martínez, tecnóloga y encargada de calidad
en la planta, comentó que existen problemas con la única selladora
en funcionamiento, que es muy antigua y quema el nailon, así como
con las tarteras, las cuales se doblan fácilmente provocando que
algunas partes queden más o menos cocinadas.
Para revertir esta situación se espera la llegada de ocho
selladoras para propiciar el correcto sellaje de las bolsas y se ha
estipulado a los despachadores la comprobación de cada paquete, que
debe llegar completamente cerrado al punto de venta y por ende al
consumidor, indicó en respuesta el director de la EP.
Por otra parte, indisciplinas tecnológicas es el eufemismo con
que muchos catalogan el irresponsable accionar de no cumplir lo
estipulado u "olvidar" hacer lo que le toca con eficiencia y
honradez. Fenómeno que siempre influye en una mayor o menor calidad
de las producciones y que también afecta a las unidades de la EP,
donde en los últimos seis meses se han expulsado a 11 trabajadores y
más de medio centenar ha recibido algún tipo de sanción. Lo cual
evidencia que, a pesar de mantener la carta tecnológica, la galleta
podría parecerse un poco más al deseo de los consumidores.
La directora de Finanzas y Precios del Ministerio de Comercio
Interior, Miriam Montero, confirmó a Granma que se ha
determinado la próxima disminución del precio de la galleta "pues su
actual precio no se corresponde con la calidad requerida".
No obstante, resulta imprescindible que la escurridiza calidad se
imponga, y que la experiencia de la venta liberada de galleta de sal
en la capital certifique, una vez más, cuán necesarios son los
estudios de mercado certeros, que revelen las preferencias y
necesidades del consumidor. Solo así podrán cubrirse las
expectativas de quienes producen y venden, y de quien paga.