Ciento
diez años se cumplen este 12 de diciembre del nacimiento de Pablo de
la Torriente Brau en San Juan de Puerto Rico y 75 el lunes próximo
de su caída en combate, en Majadahonda, Madrid, adonde había
decidido ir a luchar, muestra de su altruismo y hondo sentido de la
solidaridad y el internacionalismo, aunque según su pasaporte partía
como periodista.
Entre Puerto Rico, España y Cuba transcurre su niñez. En Oriente
y la Habana estudia el bachillerato. Matricula Derecho, pero la
agitación política le impide concluir la especialidad.
Fue deportista, periodista, brillante narrador que conmovió el
ambiente literario con sus cuentos, y sentó pautas en el relato, la
crónica y el testimonio. Pero sobre todo, fue un revolucionario
ejemplar, un convencido internacionalista hasta las últimas
consecuencias.
En 1930 Pablo hace su entrada en el panorama revolucionario de
Cuba. Desde entonces comienza su camino como cronista de la
Revolución. Sus continuas denuncias en el rotativo Ahora hacen que
sea perseguido. Si el periodismo fue su principal trinchera, la
cárcel fue su escuela de combatiente por más de dos años, tiempo que
aprovechó para narrar los horrores que se sufrían en los calabozos.
Títulos como Pluma en ristre, La isla de los quinientos
asesinos, Presidio Modelo o Aventuras del soldado
desconocido cubano, dan muestra de su literatura testimonial de
profunda humanidad.
En la resistencia y en el ascenso de la Revolución, su nombre
siempre estará como protagonista, porque como lo profetizó el poeta
español Miguel Hernández, Pablo no terminaría en la muerte, porque
era de los que crecen y se agrandan en el tiempo.