Pablo de la Torriente Brau (1901-1936)

Crece y se agranda en el tiempo

RAQUEL MARRERO YANES
rql@granma.cip.cu

Ciento diez años se cumplen este 12 de diciembre del nacimiento de Pablo de la Torriente Brau en San Juan de Puerto Rico y 75 el lunes próximo de su caída en combate, en Majadahonda, Madrid, adonde había decidido ir a luchar, muestra de su altruismo y hondo sentido de la solidaridad y el internacionalismo, aunque según su pasaporte partía como periodista.

Entre Puerto Rico, España y Cuba transcurre su niñez. En Oriente y la Habana estudia el bachillerato. Matricula Derecho, pero la agitación política le impide concluir la especialidad.

Fue deportista, periodista, brillante narrador que conmovió el ambiente literario con sus cuentos, y sentó pautas en el relato, la crónica y el testimonio. Pero sobre todo, fue un revolucionario ejemplar, un convencido internacionalista hasta las últimas consecuencias.

En 1930 Pablo hace su entrada en el panorama revolucionario de Cuba. Desde entonces comienza su camino como cronista de la Revolución. Sus continuas denuncias en el rotativo Ahora hacen que sea perseguido. Si el periodismo fue su principal trinchera, la cárcel fue su escuela de combatiente por más de dos años, tiempo que aprovechó para narrar los horrores que se sufrían en los calabozos.

Títulos como Pluma en ristre, La isla de los quinientos asesinos, Presidio Modelo o Aventuras del soldado desconocido cubano, dan muestra de su literatura testimonial de profunda humanidad.

En la resistencia y en el ascenso de la Revolución, su nombre siempre estará como protagonista, porque como lo profetizó el poeta español Miguel Hernández, Pablo no terminaría en la muerte, porque era de los que crecen y se agrandan en el tiempo.

 

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