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Pasión familiar por el magisterio
Freddy Pérez Cabrera
Cuando Maribí Rivero Camacho, alumna del Instituto
Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Comandante Ernesto
Che Guevara, de Santa Clara, solicitó su incorporación a la
Universidad Pedagógica Félix Varela con el fin de estudiar una
carrera de perfil pedagógico, sorprendió a muchos. Y es que
usualmente, quienes alcanzan promedio de 100 puntos como el suyo,
optan por otra especialidad.
Wilfredo,
Maribel y Maribí, una familia dedicada íntegramente al noble
ejercicio del magisterio.
Mas, ella continuó imperturbable en sus propósitos. Seré maestra,
como mis padres, se dijo a sí misma. Pensaba que de esa manera sería
más fiel a sus sueños, aquellos que la llevaron a preferir desde
pequeña la tiza y el pizarrón como juguetes.
"Imagínese, me he criado entre educadores. Mis padres Wilfredo y
Maribel llevan casi 40 años ejerciendo el oficio como profesores de
Física. De modo que tener un buen libro en mis manos, oír hablar de
las leyes de Newton o de los encantos de esa noble labor ha sido
algo muy cotidiano en mi vida", expresa Maribí.
Transcurridos tres años de aquella decisión, hoy la joven cursa
con excelentes resultados el tercer año de la carrera de
Licenciatura en Educación, en la especialidad de Matemática Física
en la mencionada universidad villaclareña, en la que acentúa su
vocación por el magisterio.
Por los méritos alcanzados ya resultó seleccionada como alumna
ayudante, y espera impaciente el día en que pueda enfrentarse a un
grupo de alumnos para demostrar todo lo aprendido de sus
progenitores, así como de las maestras Lucía e Isabel, quienes
también contribuyeron a sembrar en ella la semilla de educadora.
"Muchas veces he pensado cómo será mi primera clase, si estaré
muy nerviosa o serena, y si lograré motivar a mis alumnos. Mas,
siempre me digo, eso no importa, la maestría vendrá con el tiempo.
Lo cierto es que ese será el día más feliz de mi vida."
De tales maestros¼
Decir Wilfredo Rivero en la Vocacional Ernesto Che Guevara es
reconocer a uno de los mejores profesores que han pisado esa ciudad
escolar en sus más de 30 años de existencia. En él se resumen las
características que debe reunir un buen educador: sólidos
conocimientos y una maestría pedagógica y educativa de excelencia.
Sus alumnos lo quieren y respetan, en primer lugar por lo que
sabe, y en segundo, porque pueden contar con él en cualquier
circunstancia, ya sea para evacuar una duda relacionada con la
Física o de la vida personal.
Joaquín González, quien durante más de 20 años ha compartido
labor con Wilfredo, explica que a pesar de impartir una asignatura
tan compleja como la Física los alumnos lo adoran, porque utiliza
vías y métodos amenos, como narrar historias relacionadas con la
trayectoria de renombrados científicos, o explicar las leyes del
magnetismo o de la mecánica de manera práctica, de modo que los
estudiantes vean su utilidad en la vida diaria.
Sobre el particular, el recio educador reconoce que no existen
secretos. La consideración se gana a partir de la preparación del
profesor y de su comportamiento ético frente a los educandos.
Algunos piensan que por hablar más alto inspiran mayor respeto, y
están en un error. Para ser maestro hay que ser, como dijera José de
la Luz y Caballero, un evangelio vivo, un propósito que trato de
alcanzar en cada clase y en todo momento de la labor educativa,
explica Rivero.
Y como él, es también Maribel Camacho, su compañera en la vida y
en la profesión, a quien conoció cuando era jefe de cátedra del
prestigioso centro. Ella, recién llegaba al IPVCE, y de inmediato se
atrajeron.
"Aquel joven tan dispuesto e inteligente me cautivó enseguida",
reconoce la profesora, quien expresa que si volviera a nacer
escogería igual profesión, esa que tantas satisfacciones le ha
brindado.
"Usted no sabe la dicha que uno siente cuando voy por la calle y
me llaman ‘profe’, o llego a un hospital, una universidad o a
cualquier centro y algún joven me dice: ‘usted fue mi profesora’.
Eso no tiene precio". |