Lavado de dinero y tráfico de armas, dos
cuestionadas operaciones hechas por agencias de inteligencia
estadounidenses relacionadas con la integridad de México, fueron
realizadas con desconocimiento del gobierno de este país.
Además, ambas acciones, en vez de realmente cumplir
con su objetivo de combatir al narcotráfico, lo fortalecieron con
armamento y fortuna, de acuerdo con fuentes estadounidenses.
La más recientemente conocida de estas es el lavado
y contrabando de millones de dólares de narcotraficantes mexicanos
por parte de la Administración Federal Antidrogas (DEA), lo cual fue
revelado hace unos días por el diario The New York Times.
Hasta ahora, afirmó el rotativo estadounidense, hay
pocas señales de que el seguimiento del dinero haya afectado las
operaciones de los cárteles y que los narcotraficantes mexicanos
estén sintiendo un castigo financiero serio.
La vocera de la Presidencia de México, Alejandra
Sota, declaró al canal Univisión que su gobierno desconocía tal
operación de lavado y contrabando de dinero ejecutado por la DEA.
Incluso se supo que esa actividad por parte de la
agencia de Estados Unidos data desde 1984, cuando el gobierno de
Ronald Reagan.
Según un artículo difundido por el periódico The
Houston Chronicle, se calcula que solo durante la administración
Reagan los agentes de la DEA lavaron decenas de millones de dólares.
La otra operación desconocida por México, de acuerdo
a también declaraciones de su gobierno, fue Rápido y Furioso, la
cual permitió la entrada a territorio nacional de unas dos mil 500
armas que llegaron a manos del narcotráfico.
Rápido y Furioso, igualmente revelada por The New
York Times, se realizó entre noviembre del 2009 y enero del 2011 por
la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos.
Un antecedente de ésta fue la denominada Receptor
Abierto, en la cual autoridades estadounidenses posibilitaron
igualmente el envío de armas a delincuentes mexicanos.
Realizada en los años 2006 y 2007, Receptor Abierto
dejó que alrededor de otras 500 armas se vendieran a traficantes y
cruzaran la frontera.
De acuerdo con el senador republicano Charles
Grassley, inclusive funcionarios del Departamento de Justicia de
Estados Unidos estaban al tanto de esa operación.
A esto se suma que la mayoría del armamento de alto
poder de fuego que poseen los grupos delictivos mexicanos lo
obtienen del contrabando procedente de Estados Unidos.
La División Anticrimen del Departamento de Justicia
del país vecino admitió que, en los últimos cinco años, el 70 por
ciento de las 94 mil armas confiscadas a la delincuencia mexicana
fueron vendidas por armerías estadounidenses.
En ese tiempo se calcula la muerte de unas 50 mil
personas en la ola criminal que inunda el país. Una de sus causas es
la posesión de esas armas en manos de la delincuencia.
Entre esos instrumentos de muerte se incluyen
fusiles, ametralladoras, granadas, bazucas y hasta lanza cohetes.
El gobierno de México, asimismo, ha llamado al de
Estados Unidos para que intensifique su combate a ese contrabando de
armamentos, utilizado por el crimen organizado. Sin embargo, no hay
muestra visible de que haya disminuido.
Diversos sectores políticos y sociales mexicanos
critican y rechazan frecuentemente esas acciones de las entidades
estadounidenses, las cuales laceran la soberanía de su país.
Igualmente afirman que Estados Unidos, como
principal consumidor de drogas del mundo y abastecedor de armas a la
delincuencia organizada, tiene una alta responsabilidad en los
hechos criminales que en la actualidad conmueven a México, informó
PL