El mandatario, ante el reto de sus adversarios, no perdió tiempo
alguno y a las pocas horas reiteraba que "ninguna opción ha sido
descartada en relación con el programa nuclear iraní"; y aseguró que
"estoy considerando todas las opciones".
Tales declaraciones evidencian que, en relación con la nación
persa, la cuerda se tensa cada vez más.
Ha pasado algo más de un año desde que el Consejo de Seguridad, a
instancias de Washington, aprobara la resolución 1929 contra Irán y,
aunque no hay elemento real alguno que demuestre que ese país
desarrolla el arma nuclear, Estados Unidos y la gran prensa
occidental a su servicio, así como la Organización Internacional de
Energía Atómica, (OIEA) también fiel a lo que dicte la Casa Blanca,
incentivan la solución del diferendo por la vía militar, sin sopesar
las consecuencias que ello provocaría a todo el mundo.
Y es paradójico que una especie de cortina de humo se levanta en
torno al tema nuclear iraní por las mismas potencias que han armado
a Israel con artefactos nucleares.
Una investigación reciente, hecha pública por la universidad de
Columbia, en Nueva York, se refiere a los más de 55 años de apoyo
por parte de las administraciones estadounidenses al estado israelí,
y cita el año 1955, cuando el entonces presidente Dwight Eisenhower
facilitó a Israel el primer reactor nuclear instalado en Nahal Sorek.
Luego, en 1964, fueron los franceses quienes construyeron para
Israel un reactor nuclear mucho mayor que el anterior, que con el
nombre de Dimona fue ubicado en el desierto de Nagag.
Estos y otros elementos dan fe de que Israel cuenta con armas
nucleares desde principios de la década del 70 e, incluso, que en
1973 estuvo preparado para lanzarlas contra Siria y Egipto.
En esta historia no reflejada por la prensa occidental, no puede
ocultarse la cooperación israelí durante décadas con el suministro
de armas nucleares a la Sudáfrica del apartheid.
Se calcula que Israel tiene en la actualidad más de 400
artefactos nucleares, incluidas las armas termonucleares, bombas de
neutrones, armas nucleares tácticas y bombas atómicas portátiles en
maletas; además del sistema de misiles para lanzarlas con un alcance
de 11 500 kilómetros; así como submarinos y aviones cazabombarderos
con similares características, se dice en la investigación de la
universidad de Columbia.
No resulta ocioso recordar que Israel no ha firmado el Tratado de
No Proliferación Nuclear ni ha permitido que sus instalaciones sean
visitadas o monitoreadas por la OIEA.
Nunca el Consejo de Seguridad de la ONU se ha reunido para
analizar tan franca y peligrosa violación de las leyes y normas
internacionales. Estados Unidos no lo ha permitido.
Entonces, ¿cómo creer en la OIEA y en el Consejo de Seguridad,
cuando actúan de acuerdo con las prerrogativas de Estados Unidos?
Y, aunque el informe de la OIEA no dice explícitamente que Irán
esté desarrollando una bomba nuclear, la administración
norteamericana y la gran prensa se han encargado de sembrar el miedo
a partir de una suposición o, en última instancia, buscando una
"justificación" para lanzar la guerra.
El escenario bélico Washington lo viene preparando con formato
similar a anteriores guerras en la región. Ya han pasado las
primeras tres rondas de sanciones impuestas al país persa por el
Consejo de Seguridad y se aplican sanciones adicionales por parte de
Canadá y de la Unión Europea.