A
la selección cubana se le escapó la posibilidad de un triunfo que le
hubiera resultado muy oportuno. Más allá de que fuera solo un
partido amistoso sin mayor connotación que su carácter festivo,
hubiera sido bonito celebrar los 100 años del fútbol en Cuba con una
victoria. Pero acabó en empate (1-1), en el Pedro Marrero.
Costa Rica, el rival en la fecha del centenario, fue la nación
donde un equipo cubano compitió por primera vez en el extranjero,
cuando en 1925 el club Fortuna se convirtió igualmente en el primer
elenco foráneo que visitaba ese país. Entre ambas escuadras ha
surgido una sana rivalidad que las ha envuelto en los últimos años,
a raíz de sus frecuentes duelos en eliminatorias mundialistas o la
Copa de Oro, en los que siempre nos ha derrotado, incluyendo la
manita (5-0) de junio pasado.
Por ocasiones y juego, Cuba debió ganar esta vez; pero los goles
se marcan, no se merecen. Y frente al arco rival nuestra selección
sigue teniendo una asignatura pendiente, por lo cual no fue fortuito
que su único gol llegara de penal, cuando por inercia Alaín
Cervantes cayó derribado en el corazón del área, al minuto 57, y
Heviel Cordovés burló al arquero Dony Grant.
Iniciar un nuevo siglo ganando era entonces un consuelo. Y el
amistoso de ayer, una buena oportunidad. Pero nuevamente sobre el
césped volvieron a asomar los mismos viejos fantasmas, y cuando
faltaba apenas un minuto para que el referee guatemalteco Walter
López pitara el final, Kenny Cunnigham (’92) cabeceó solito, solito,
un tiro de esquina. Y los ticos nos aguaron la fiesta. Una lástima,
pero no del todo. Un saldo positivo es que ya sabemos dónde hay que
trabajar rumbo a las eliminatorias de Brasil’14.