Autoridades
y organizaciones de derechos humanos de El Salvador rindieron hoy
homenaje a las víctimas de la masacre de El Mozote, una de las
matanzas más atroces cometidas por el Ejército durante el conflicto
armado (1980-1992).
Durante una operación de tierra arrasada, los militares del
batallón Atlacalt asesinaron a casi mil personas, entre ellas más de
400 niños, entre el 10 y 13 de diciembre de 1981, en ese caserío y
otros del norteño departamento de Morazán.
En un acto celebrado en el lugar, sobrevivientes relataron que
los pobladores, en su mayoría mujeres, niños y ancianos, prefirieron
permanecer en sus viviendas por el temor de ser confundidos con
guerrilleros por los soldados.
Las víctimas, entre ellas una embarazada, fueron torturados,
abusadas e izados con bayonetas. Otros fueron encerrados en la
ermita de la Iglesia y quemados, recuerda hoy el diario digital La
Página.
El acto fue también para recordar el Aniversario 63 de la
Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por la
comunidad internacional el 10 de diciembre de 1948, señala una nota
de prensa de la Cancillería.
La ceremonia de conmemoración fue organizada por el Sistema de
Naciones Unidas en El Salvador, la Asociación Promotora de Derechos
Humanos de El Mozote y la Procuraduría para la Defensa de los
Derechos Humanos (PDDH), precisa en su página de internet.
En un discurso, el canciller Hugo Martínez retomó el mensaje del
presidente, Mauricio Funes, en ocasión del aniversario 18 de los
Acuerdos de Paz de 1992, en el que reconoció la responsabilidad del
Estado en las graves violaciones a los derechos humanos durante el
conflicto.
El mandatario pidió entonces perdón a las miles de víctimas
inocentes de la represión.
A diferencia del pasado, nuestra postura de Gobierno es ahora
reconocer plenamente la dignidad y derechos de las víctimas de
graves violaciones a los derechos humanos, como es el caso de las
víctimas de la Masacre de El Mozote y sitios aledaños, aseguró
Martínez.
Añadió que la labor de reconocer la verdad y reparar a las
víctimas es tarea del Estado en su conjunto, incluidos el Poder
Judicial y la Fiscalía General de la República.
El testimonio de una de las pocas sobrevivientes de la masacre,
Rufina Amaya, permitió décadas después descubrir las fosas comunes,
donde un equipo de antropólogos argentinos encontró los restos de
966 personas, entre ellas más de 400 niños, informó PL.