Apoteósica, desbordante en su connotación de sátira social
vinculada con la violencia, los cárteles de la droga y la corrupción
a diferentes escalas, este filme de dos horas y media de duración
fue el máximo acumulador de premios del cine mexicano, y a la vez
uno de los más vistos y aplaudidos por el público en el año a punto
de concluir.
A Luis Estrada se le conoce muy bien por La ley de Herodes,
una sátira sobre la política y sus manipulaciones, que causó más de
un revuelo. Luego vino Un mundo maravilloso y con El
infierno se concluye una trilogía interesada en desmenuzar la
problemática política y social del pueblo mexicano, con el
significante de que esta última cinta fue realizada para que
coincidiera con los festejos por los 200 años de la independencia de
México.
Sobre los hombros de Damián Alcázar, un actor con el don de
hacerlo todo bien, descansa la estructura narrativa de El
infierno. Él es Benny, un buscavidas alegre y sentimental que
regresa a su país tras 20 años de haberse ido a los Estados Unidos.
Regresa tan pobre como se fue y al reintegrarse a su pueblito se
entera de que el hermano y muchos amigos están bajo tierra, no por
ley de la vida, sino enterrados por la violencia.
Aunque no quiere, Benny es atrapado finalmente por las trampas de
la miseria y las tentaciones del narcotráfico. ¿Qué hacer? Pronto lo
veremos con cadena de media libra al cuello, camioneta y forifai
a la cintura. Lo que sigue puede ser predecible en alguna medida
porque se trata de una historia entre dos bandas de mafiosos,
policías y políticos vendidos al mejor postor, y también mucho humor
negro para justificar dedos, orejas y cabezas cortados.
Es cierto que a ratos hay aires de realización de "película
americana" vinculada con la violencia, pero la piel y espíritu de
historia mexicana aflora por todas partes y las críticas son tan
certeras y contundentes que no dejan títere con cabeza.
No es un filme perfecto y se aprecia en el guión algún que otro
trazo grueso, pero en conjunto se puede calificar de buena
realización y muy necesaria para comprender por qué ––como dice uno
de los personajes–– el narcotráfico, la corrupción, la violencia
generalizada y los discursos huecos han causado ya más muertos que
la mismísima Revolución mexicana.
Buena El año del tigre, realizada pocas semanas después
del terremoto y tsunami que azotaron a Chile en el 2010. El filme de
Sebastián Lelio, realizado cámara en mano y sobre las ruinas del
desastre, lo protagonizan dos actores, Luis Dubó y Sergio Hernández,
y se basa en una historia verdadera: la de un presidiario que
aprovecha el derrumbe de la cárcel donde se encuentra para escapar e
ir en pos de su familia. Verdadero drama existencial entre un hombre
acerado por la vida y un mundo hecho trizas que parece haberlo
dejado a la buena de Dios. Y Dios está presente en las dudas y
sufrimiento del hombre. ¿De qué le sirve la libertad si lo que
quería no existe? En medio de tanta desolación, un tigre de circo
(también un hecho real) escapa y el director se sirve de él para
redondear una metáfora.