Convirtiendo la piedra en suelo fértil

RONALD SUÁREZ RIVAS

A Daniel García le cuesta elegir por dónde empezar a hablar de su finca: el aprovechamiento del área; las innovaciones, como el cultivo de hortalizas en bolsas, para poder explotar un suelo rocoso, donde escasea la tierra; la juguera que sostiene con sus producciones en el mayor hospital de la provincia¼

Foto del autorEl cultivo de hortalizas en bolsas le ha permitido a Daniel aprovechar un área imposible de sembrar de forma directa.

Todo ello converge en esta franja de tierra pedregosa y empinada, en las afueras de Pinar del Río, convertida con mucho esfuerzo en un próspero terreno que hoy ostenta la doble excelencia de la agricultura urbana.

La historia comenzó hace alrededor de 13 años, cuando Daniel se decidió a sembrar, con el apoyo de la familia, nueve hectáreas aledañas a su casa, que permanecían cubiertas de malezas.

"Primero tratamos de acondicionarla con un tractor, pero el arado se trabó en las piedras y se volcó. De modo que tuvimos que hacer todo a mano".

El trabajo, sin embargo, no tardó en dar resultados. Plantada inicialmente de fruta bomba, el área continuó incorporando paulatinamente otros renglones como piña, guayaba, plátano, aguacate, entre los cuales, a fin de ganar tiempo, fueron introducidos además cultivos de ciclo corto, como frijol, habichuela, col, ajo, tomate.

El resultado es una finca agroecológica, donde crecen en la actualidad 16 variedades de frutales, dotada además de un vivero, una casa de cultivo construida de forma artesanal, 24 colmenas, una laguna para la cría de peces, una nave con 90 cerdos y una miniindustria, todo ello gracias al ingenio de Daniel, un técnico de nivel medio en Economía, aficionado a la búsqueda de fórmulas que permitan incrementar la producción agrícola.

Entre ellas se incluye la variación de los marcos de siembra establecidos para determinadas especies. "El del aguacate, por ejemplo, es de 6 x 6 metros, y nosotros lo hemos ubicado a 3 x 3, para tener más plantas.

"Sabemos que en el futuro tendremos que eliminar algunas, pero para entonces ya habremos estado recolectándole frutos durante tres o cuatro años", asegura.

Lo más llamativo, sin embargo, resulta el cultivo de hortalizas en bolsas, una iniciativa que en estos momentos se encuentra en su segunda cosecha.

"Se nos ocurrió luego de ver las posturas de mango, que a veces alcanzan un metro de altura en los viveros. Si un árbol es capaz de vivir en una bolsa, una planta de tomate o de col también, pensamos. Así logramos aprovechar un área que no habíamos conseguido sembrar, porque era piedra nada más".

La técnica posee múltiples ventajas. "Es más fácil controlar el agua, el abono, y no es preciso vivir en el campo para aplicarla. Con bolsas de yogurt recuperadas, una persona puede cosechar lechugas en un rincón de su casa", afirma Daniel.

Tal concepto sobre el aprovechamiento máximo de la tierra, le ha permitido consolidar una producción estable, capaz de tributarle a los mercados, e incluso de asumir el abastecimiento de una juguera en el hospital Abel Santamaría, el mayor centro de salud de la provincia.

"Comenzamos hace dos años y cuatro meses, y desde entonces no ha dejado de funcionar un solo día. Las ventas diarias oscilan entre 800 y 1 200 jugos de tres tipos de frutas como mínimo", explica el destacado productor, un hombre convencido de que la agricultura cubana podría aportar mucho más, si se combinan dos elementos fundamentales: deseos de trabajar y organización.

"Muchos campesinos han vivido apegados a un grupo reducido de cultivos: tabaco, arroz, frijoles, boniato, y a métodos tradicionales que no siempre son los más eficientes.

"Sin embargo, para salir adelante es preciso la diversificación y buscar constantemente nuevas alternativas que ayuden a elevar los rendimientos".

Así lo confirma su finca, levantada sobre un terreno en el que pocos creyeron en la posibilidad de establecer cultivo alguno, donde Daniel, a fuerza de empeño, ha demostrado lo contrario.

 

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