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Planificar también da más azúcar
Dilbert Reyes y Germán
Veloz
Ahora que la producción cubana de azúcar cobra fuerzas, alentada
por nuevos precios mundiales y sobre la base de un reajuste integral
a la estructura administrativa y agroindustrial del sector; no hay
mejor coyuntura para pensar bien cada movimiento, a fin de convertir
el más mínimo detalle en una invariable garantía de eficiencia.
El
maquinado de las mazas es la parte más compleja de la fabricación.
Entre los pasos que aún requieren calibración está la prestación
de servicios técnicos a la industria azucarera, cuyas deudas en
cuanto a planificación, suficiencia y eficiencia, todavía ponen
cierto freno al despegue necesario.
En la ciudad de Manzanillo, provincia de Granma, radica la planta
Comandante Manuel "Piti" Fajardo; perteneciente a la Empresa de
Servicios Técnicos Industriales (ZETI) del sector azucarero, y
responsabilizadas con la fabricación de las mazas de molino de los
22 centrales activos en Camagüey, Las Tunas, Holguín, Granma,
Santiago de Cuba y Guantánamo.
Este complejo de talleres realiza labores de fundición y
maquinado, mediante un proceso fabril que, explicado grosso modo,
consiste en recibir las mazas dañadas por el uso, separar el eje y
el tambor, si es preciso se rectifica el primero, y el segundo es
fragmentado para fundirlo otra vez, a fin de obtener un tambor liso,
luego hacerle los dientes, acoplar el eje, y entregar al ingenio una
maza lista para usar.
Enterado del extraordinario ritmo que llevan los obreros por
cumplir los compromisos con la actual zafra, Granma asistió a
la entidad y comprobó un ajetreo sin lugar para el reposo; pero tras
un diálogo en detalle y la pregunta sobre si aquel ambiente era lo
normal, otra vez la planificación, la tecnología obsoleta y el
consecuente apuro de última hora, fueron algunas de las respuestas.
UN PLAN A MITAD DE AÑO
Granma supo por el ingeniero Luis Aguilar, director de la "Piti"
Fajardo, que el plan inicial de fabricación de mazas para entregar
entre julio y diciembre era 43; pero tras la orientación y
realización en mayo de un defectado intensivo en cada central, más
la decisión de incorporar a la venidera molienda tres de los
ingenios paralizados, se elevó el pedido a ¡91 mazas!
¿Cómo es posible duplicar lo previsto, nada menos que a mitad de
año? ¿Existían todas las condiciones para esa decisión?
Como era de esperar, hoy la situación con las mazas es tensa. No
obstante, Luis Aguilar es optimista y confía en que las entregas
puedan hacerse sin mucho retraso, aunque reconoce que no era
necesario llegar a tal punto si la decisión hubiera sido más
temprana.
"Nos vimos obligados a montar tres turnos de labor (24 horas) en
la parte de maquinado, que lleva el grueso del trabajo y es donde se
presenta la mayor cantidad de problemas. Además, tuvimos que
reajustar las entregas de acuerdo al cronograma de los ejercicios de
zafra (un mes antes de la arrancada de cada central)".
Obviamente es una carrera contra reloj, en la que pocas veces la
prisa deja buenos dividendos.
De hecho, si la necesidad de variar tan drásticamente la cifra
del plan descubría ya un evidente error de planificación —una
evaluación más objetiva decidió luego pasar 10 de las 91 mazas a la
producción de la planta homóloga en Occidente—, otro paso in
seguro fue pensar que la misma tecnología obsoleta de la fábrica
soportaría la nueva demanda. Las roturas no demoraron en aparecer.
"Es que el equipamiento nuestro está muy deteriorado. Para
enfrentar el reto logramos recuperar una máquina perforadora
paralizada hace tiempo, pero se rompe con frecuencia", explica
Aguilar.
"La prensa hidráulica, el corazón de la fábrica, también ha
fallado varias veces y entonces afecta todo el flujo, porque ni saca
ejes para llevar tambores a fundición, ni los coloca para entregar
mazas nuevas.
"Otro incidente sensible fue el colapso de la grúa de fundición
de 30 toneladas, empleada para extraer las cosas pesadas del horno.
Resolvimos adaptando piezas de otra vieja grúa, pero fueron dos
fundiciones que dejaron de hacerse".
Además de roturas, hay otros detalles —como la falta de moldes,
de modo que haya dos juegos para ir moldeando con uno mientras el
otro se enfría—, que en definitiva determinan una fábrica explotada
al 50 %, "la cual realiza dos fundiciones mensuales en
hornos chiquitos, cuando pueden ser cuatro, y una en el grande,
en vez de dos".
Si todo esto se sabía, ¿no fue también un error de la planta
manzanillera aceptar y asumir un plan fuera de su capacidad real?
Abordado sobre el parecer, el director acotó que hizo saber todas
las limitantes, pero aclaró que el plan sería satisfecho si daban
solución a cuestiones puntuales de infraestructura, aseguramiento a
un tercer turno —transporte y alimentación—, acuerdos con algunos
centrales para la terminación de mazas, entre otras.
No obstante cualquier estrategia interna, el éxito o no de la
planificación es siempre responsabilidad de ambas partes.
DEUDAS ACUMULADAS
Insistiendo en la planificación —que bien llevada evitaría tantos
cuellos de botella—, Granma volvió sobre la causa de tantas
mazas pendientes. De no hacer lo dispuesto ¿acaso habrían molido sin
óptima eficiencia los centrales no incluidos en el plan inicial de
mazas reparadas, y otra vez quedarían reservas sin explotar y
beneficios perdidos?
Según explicó Ifraín Naranjo, director de Plantas Industriales de
la Empresa Azucarera Granma, un central debe enviar a la fábrica
cada año entre el 15 y el 20 % de sus mazas. Esto depende del
periodo de molida, pero en general violar la política de recambio
implica no extraer todo el jugo de la caña, quemar un bagazo muy
húmedo malo para combustible, y en consecuencia afectar la presión
en los molinos por no aprovechar de manera óptima la energía.
Si técnicamente es así, ¿por qué entonces, como precisó Aguilar,
hay centrales que enviaron a la "Piti" Fajardo hasta nueve y diez
mazas, más de la mitad del parque promedio para un ingenio?
Obviamente, hubo sobreexplotación y ahora quiso corregirse todo
de una vez. Sin duda, la disciplina tecnológica sigue siendo una
deuda de la planificación con la eficiencia.
RECLAMOS EN LOS DESTINOS
Otras consecuencias del apuro son los reclamos en los destinos.
Por ejemplo, la tensión productiva de la planta manzanillera y la
presión de la fecha de arrancada del central Urbano Noris, de la
provincia de Holguín, originaron un acuerdo entre ambas entidades,
para que la primera enviara a la segunda dos de sus mazas
premaquinadas y en los talleres del ingenio les dieran terminación.
Resulta que, al decir del ingeniero Lázaro Rodríguez, director
del coloso holguinero, además de no llegar en la fecha acordada, no
habían recibido los calzos y las cuchillas para darle el acabado a
dichas mazas, de las cuales una llegó, incluso, sobredimensionada.
A esto se agregan otras quejas, como las del tornero Roberto
Domínguez sobre la excesiva dureza del metal, o la advertencia de
ZETI en Holguín, acerca del escollo que para la transportación
representaba el peso descomunal de la pieza en bruto.
La fábrica de Manzanillo podría dar sus respuestas, pero ¿de qué
vale manejar reclamos y argumentos, si la prisa y las buenas
intenciones no pusieron este acuerdo al amparo de un contrato?
En fin, bien claro quedan las lecciones de este ejemplo sobre lo
que falta aún por limar en el sector azucarero, para alcanzar
plenamente el objetivo del actual proceso de reordenamiento.
Unas ideas insisten en la programación temprana: Conocer en enero
las necesidades reales, arrancar la fabricación, y en el periodo
óptimo de reparaciones (agosto y septiembre) cada central tendría
sus mazas.
Otras sugieren que hoy, con la disciplina tecnológica que se está
logrando, hay condiciones para volver ha establecer el sistema de
adelanto, cuando se fabricaban las mazas no de la zafra inmediata,
sino de la siguiente.
Pero mientras se adopta la mejor, una certeza sí destaca y urge:
la planificación, practicada a tiempo y con total seriedad, pondrá
ganancias en lugar de ineficiencias, y aportará tanta azúcar como un
nuevo central sumado a la molienda. |