Llega junto a ellos Juan Manuel Márquez. —Fidel —le dice a gritos
entre el ruido ensordecedor de los disparos—, ya se fue todo el
mundo. Hay que retirarse porque te van a coger vivo.
Comienzan a retirarse entre los surcos, en dirección general
hacia el Este. Avanzan a saltos, de tramo en tramo; en una de estas
etapas, Juan Manuel no llega. La caña es baja y rala. Resulta
peligroso permanecer en ella. No obstante, Fidel ordena a Universo
que vuelva atrás a buscar al compañero. Dos veces regresa el
combatiente sobre sus pasos, pero Juan Manuel no aparece. En vista
de ello, siguen adelante, atraviesan varios cañaverales y pronto
llegan a la guardarraya que separa el último campo de caña de un
pedazo de monte.
Deciden esperar la noche para cruzar, ya que suponen, con razón,
que la zona está repleta de soldados. Los dos han conservado sus
fusiles, Fidel con 100 balas y Universo con 40. Cuando ya está
empezando a oscurecer, desde la posición que ocupan, ven acercarse
una figura que de lejos parece un soldado.
—Tírale cuando esté bien cerca —dice Fidel a Universo. Este
apunta su fusil de mira telescópica, pero cuando la figura se
aproxima se da cuenta de que se trata de Faustino Pérez.
—¡Médico! ¡Médico! —lo llaman en voz baja.
Los tres combatientes cruzan la guardarraya en la oscuridad y se
internan unas cuantas decenas de metros en el monte.
Granma reproduce nuevamente el artículo que escribiera
Faustino Pérez a finales de los 80, donde narra cómo fueron aquellos
días en que él y Universo acompañaron al Jefe de la Revolución hasta
Purial de Vicana, y cómo jamás Fidel cedió en su convicción de
resistencia y de victoria.
De Alegría de Pío a Purial de
Vicana