Puerto Príncipe.— Hoy es 6 de diciembre y desde el temprano
amanecer de las 5:00 a.m. la vida acontece en esta ciudad con la
rutina diaria de siempre. Las personas se alistan para el trabajo,
los vendedores se ubican en los mercados o en las calles, otros
salen a luchar unos cientos de gourdes (moneda local) y los
niños asisten a la escuela. Quizás tengan lecciones de historia y el
profesor les enseñe que un día como hoy el almirante Cristóbal Colón
vio por primera vez el alba en la isla.
En la bahía San Nicolás ancló el navegante —luego de haber pisado
en octubre tierra cubana—, la noche del 5 de diciembre de 1492.
Cuatro días después bautizó su "descubrimiento" con el nombre de La
Española. En aquel entonces la habitaban alrededor de 300 mil arawak,
caribes y taínos, quienes fueron degradados a la condición de
esclavos del imperio español en el nuevo continente.
La despiadada conquista y sobreexplotación menguaron la población
original que rápidamente fue sustituida por esclavos negros traídos
del Golfo de Guinea, Nigeria y Dahomey. En 1697, mediante el tratado
de Ryswick, el territorio fue cedido a Francia y, en el siglo XVIII,
se convirtió en su colonia más próspera, producto del cultivo de la
caña de azúcar.
Estimulados por la Revolución francesa, los negros esclavos y
mulatos se rebelaron en 1791. La sublevación, encabezada por
Toussaint Louverture, a quien sus correligionarios llamaron el
Espartaco Negro, duró trece años y costó más de 200 mil muertes de
criollos y franceses, bajo el mando de Napoleón. El 1ro. de enero de
1804, el general Dessalines proclamó la independencia de la isla y
la nombró Haití, que significa tierra montañosa. Desde ese entonces,
la primera nación negra emancipada pasó de la rebelión a la
maldición.
Un silencio oficial sepultó la revolución que tanta influencia
tuvo en Simón Bolívar y en la liberación de Sudamérica. Las
potencias coloniales le dieron la espalda a la naciente república.
En uno de sus artículos, Ignacio Ramonet apunta: "Ese mal ejemplo se
lo hicieron pagar. Nadie ayudó a la nueva república negra. Al
contrario, todos la boicotearon... como si se prolongase el
escarmiento a los esclavos por haber osado liberarse".
El país se derrumbó en guerras civiles, y el paisaje, muchas
veces incendiado y deforestado, se volvió ensordecedor. A la cuenta
de calamidades políticas y sociales se sumaron después la ocupación
de Estados Unidos que duró 35 años; dictadores despóticos como
Duvalier; dos golpes de estado al gobierno de Jean-Bertrand Aristide;
la intervención de Naciones Unidas mediante el destacamento de la
Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH);
las catástrofes naturales y las enfermedades.
Con una sorprendente historia de liberación y una amplísima y
rica cultura, Haití pudo haber sido el paraíso de este mundo. Pero
lo cierto es que la inestabilidad política, la miseria crónica, la
ignorancia, el abandono, la fragmentación y el ostracismo a nivel
internacional la han convertido en la nación más pobre del
continente.
Hoy, cuando en las aulas el profesor señale en el mapa el punto
por donde desembarcó Colón y les cuente a los pequeños sobre el
primer día que Haití fue noticia para el viejo continente, quizás
los estimule a continuar venerando a sus héroes y los exhorte a
variar el curso de su condición desheredada, a vindicar su tradición
con la misma luz de sus antepasados. Solo así, el primer país que
conmemoró el bicentenario de su independencia en América Latina
podrá, nuevamente, levantar su historia.
Lo cierto es que Haití vive todavía en el ostracismo, la
maldición parece no terminar... .