Sangre cubana en tierra nicaragüense

Raquel Marrero Yanes

En la memoria de muchos quedan aquellas tristes noticias que conmovieron no solo a los cubanos, sino también al pueblo nicaragüense, por la pérdida de maestros internacionalistas caídos en el cumplimiento de su deber.

Una de ellas fue la del 5 de diciembre de 1981, cuando se informó del vandálico hecho perpetrado por un grupo contrarrevolucionario a unos 50 kilómetros de la localidad de Juigalpa, en el Departamento de Chontales, donde asesinaron a Águedo Morales Reina, joven maestro internacionalista cubano de 28 años de edad.

El día 4, a solo 3 meses de encontrarse en Nicaragua, Águedo viajaba en una camioneta junto a un grupo de campesinos en las cercanías de Villa Sandino, cuando caen en una emboscada y son atacados por contrarrevolucionarios somocistas.

Versiones procedentes del lugar indicaron, que, al producirse el ataque, el maestro cubano trató de defenderse y recibió tres disparos que le causaron la muerte. En la acción resultó asesinado también un joven campesino nicaragüense.

"Los asesinos de mi hijo no podrán matar su ejemplo", expresó el padre Águedo al conocer el hecho. Moría así el revolucionario, el maestro, el internacionalista, quien tenía dos hijos.

La ola de indignación y condena por el horrendo asesinato se reflejó en la población nicaragüense, quien le rindió merecido tributo al educador pinareño. De igual forma, el sepelio en su ciudad natal constituyó una multitudinaria expresión de duelo y de reafirmación de la amistad entre las patrias de Martí y Sandino.

Pero este no fue el único maestro internacionalista que dejó su sangre en tierra nicaragüense. Días antes, el 21 de octubre, una banda de contrarrevolucionarios somocistas dio muerte cobardemente a los cubanos Pedro Pablo Rivera Cué y Bárbaro Rodríguez Hernández, así como a dos jóvenes campesinos del país centroamericano.

 

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