Ser médico

Lisandra Fariñas Acosta

"Ya no te pertenecerás", decía el sabio Esculapio a su hijo cuando lo aconsejaba ante la compleja decisión de convertirse en médico. Toda razón tenía, porque si hay un profesional consagrado a su labor, es aquel que escoge el exigente, pero gratificante, camino de la medicina.

Como padre, Esculapio advertía al joven las consecuencias de su elección y le mostraba los obstáculos que enfrentaría: "Tendrás que renunciar a la vida privada, tu puerta quedará siempre abierta a todos; habrá quienes te llamen solo en casos de urgencia, otros tan solo sientan la primera inquietud sin respetar tu descanso; tendrás que estar siempre listo; la paciencia deberá sobrarte; exigirán todo de ti, únicamente la conciencia de aliviar males podrá sostenerte en tus fatigas".

Sin embargo, cada vez que leo los consejos de Esculapio, convertidos ya en símbolo para la Medicina, no puedo menos que sentir la necesidad de reivindicar un tanto a aquellos que se han hecho médicos a pesar de las adversidades y para los que no hay más placer que la silenciosa retribución de defender la vida.

Cuba ha formado un ejército de batas blancas, presente hoy en cada punto de esta geografía. Y aún cuando la cotidianidad los abrume, como a todos, reconforta saber que nuestros médicos se consagran cada día.

Ejemplos sobran: y es que para muchos de nosotros el médico ha pasado a ser parte de nuestra familia, pues muchas veces no se miden horarios para acudir e invocar a un especialista que no demora atenciones.

Basta solo asistir a una consulta para palpar la abnegación de médicos como Juan María, un angiólogo de San Cristóbal, en la provincia de Artemisa, quien al igual que muchos otros, luego de una mañana de docencia llega a la sala y, además de los enfermos ingresados, encuentra una larga cola de pacientes que acuden a su encuentro.

No se escucha un "no es día de consulta", más bien se palpa cariño, respeto, comprensión, atención esmerada en una faena agotadora que dura los 365 días del año y las 24 horas del día.

Hay que reparar en los detalles para comprender el mundo. Y es que Juan María es solo uno en la larga lista de profesionales dedicados con que cuenta la Salud Pública en nuestro país, y a los que vale ofrecerles la consideración que merecen.

Con el agradecimiento a todos esos profesionales que, como diría el sabio, "con alma estoica se satisfacen con el deber cumplido, se juzgan bien pagados con la dicha de una madre o la sonrisa del que ya no padece", se pudiese compensar a los que escogieron, sin dudar, esta noble profesión, llena de virtud y sacrificio.

 

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