La
XVII conferencia ambiental de Naciones Unidas sobre cambio climático
recesó hoy sus sesiones, luego de una semana en la que no pudo
mostrar resultados para salvar la salud del planeta.
Hasta cerca de la medianoche del sábado, los grupos contacto y
otros espacios de negociación a nivel bilateral y de bloque
mantuvieron las pláticas, dirigidas a reajustar posiciones en
búsqueda del consenso.
"Tratamos de precisar hasta dónde apretamos y cuándo cedemos en
función del objetivo final", comentó a Prensa Latina una
experimentada diplomática.
Aunque se han producido algunos avances en asuntos de
procedimientos y otros mecanismos de la Convención y del Protocolo
de Kioto, continúa la incertidumbre sobre cuál será el epílogo de
esta cita que encara dos grandes desafíos: el segundo período de
compromisos del pacto de Kioto y la puesta en operación del Fondo
Verde del Clima.
La víspera, el Comité de Transición a cargo del funcionamiento
del fondo no logró aunar posiciones en torno al informe que presentó
esta semana, el cual tiene vientos en contra tanto de países
industrializados como naciones en desarrollo.
Delegados de países subdesarrollados se negaron a aceptar el
dictamen desde un primer momento, porque no había existido un debate
previo en el cual se escucharan las inquietudes de las partes.
Consideraron que el fondo, tal y como se había concebido, carece
de personalidad jurídica y no ofrece claridad sobre el acceso
directo de los Estados más vulnerables a una rápida financiación.
Tampoco está definido cuál será el papel de las autoridades
nacionales designadas para esa financiación.
El texto también fue rechazado por Estados Unidos, cuya
delegación alegó otras razones.
En esencia, Washington se opuso al documento porque pretende
separar al Fondo Verde del Clima de la Convención Marco de la ONU
sobre Cambio Climático. Su intención es que el mecanismo de
financiación sea totalmente independiente.
Referente a las negociaciones sobre el Protocolo de Kioto, los
países desarrollados mantuvieron los tradicionales discursos,
marcados por condicionamientos.
La Unión Europea, incluso naciones del Viejo Continente que no
integran ese bloque, se muestran favorables a adoptar aquí el
segundo período de compromisos, si en esta cita se define una hoja
de ruta para negociar un nuevo marco legal de enfrentamiento al
cambio climático, en el cual no sólo se incluya a los países
industrializados.
Ello significaría un nuevo instrumento jurídico, al que tratarían
de arrastrar naciones emergentes como China, India, Brasil y
Suráfrica, entre otras.
Japón, cuyo territorio paradójicamente sirvió de sede al
nacimiento del Protocolo de Kioto, ratificó su decisión de no formar
parte de un nuevo capítulo del pacto, aunque sí beneficiarse de los
mecanismos de flexibilidad del texto, que le abren puertas en el
mercado de carbono.
A Durban llegó esta semana la noticia sobre la decisión del
gobierno de Canadá de retirarse del acuerdo en diciembre de 2011, en
consonancia con la postura de Estados Unidos, que nunca lo ratificó.
Inmersas en este escenario tan adverso para extender el
Protocolo, se mantienen en la mesa de negociación propuestas de
objetivos cuantificados de reducción de emisiones en los países
desarrollados, metas que de ser aceptadas, darían cuerpo al segundo
período de compromisos de Kioto.
Quedaría por definir cuán largo será ese plazo, de qué manera
cuantificar las unidades que se dejaron de emitir durante el primer
capítulo del Protocolo y otros detalles de las decisiones a adoptar
en Durban, que permanecen a la espera de las posturas políticas de
las partes.
La semana próxima debe comenzar el segmento de alto nivel, con la
presencia de ministros y otros representantes gubernamentales, fase
en la cual se irán dilucidando algunos temas a nivel bilateral y de
bloque, espacio donde en muchos casos se adoptan las verdaderas
decisiones de estos foros.
El Protocolo de Kioto fue suscrito en 1997, ratificado por 156
países y, luego rechazado por dos de los principales contaminantes
del mundo, Estados Unidos y Australia.
En esencia establece el objetivo de reducir las emisiones de
gases de efecto invernadero en una media del 5,2 por ciento con
respecto a los niveles de 1990, aunque en su anexo B precisa metas
cuantificadas de mitigación por cada país.