La convulsiva concurrencia no es solo en las afueras, también
dentro de La Renaissance el movimiento —como en todo hospital—, es
muy agitado. Los médicos cubanos del programa oftalmológico
Operación Milagro prestan a la población haitiana distintos tipos de
servicios en los 11 departamentos ubicados en la instalación. Quien
entra por primera vez puede, en pocas horas, experimentar muchas
sensaciones.
Situados en los costados de los pasillos de las dos plantas, las
personas esperan su turno para ser atendidas; mientras, en el lobby,
un enorme mural pintado por los niños que se alojaron en el hospital
después del terremoto deja latente el triste acontecimiento. Frases
de agradecimiento dibujadas en creole y español para el personal
médico cubano, y el nombre de los familiares fallecidos se mezclan
con la gente que entra o sale sana y recuperada de la vista.
Un promedio de 15 cirugías diarias a pacientes con pterigión y
cataratas realizan los 27 colaboradores de esta misión que comparte
servicios oftalmológicos con otra itinerante en el país. También una
sala de fisioterapia y rehabilitación, otra de ultrasonidos y rayos
X, la consulta al colaborador cubano, un aula docente, y la clínica
móvil, durante los fines de semana, para hacer los pesquisajes,
brinda el hospital comunitario en donde laboran conjuntamente
cubanos y haitianos.
En las consultas, los galenos reciben a los enfermos amablemente
y, aunque muchos dominan el creole, se apoyan en los traductores
para dar las indicaciones. Tiene La Renaissance al doctor de mayor
edad de la Brigada Médica Cubana y a la más joven. El doctor Beltrán
Velázquez, de 73 años, lleva 20 meses en la misión y se desempeña
como profesor de laboratorio, y Ana Laura Hernández, técnica de
refracción, suma tan solo 23 años de edad.
Basta una mañana para entender por qué este es un centro de
referencia. Después de la revisión preoperatoria, que realiza la
doctora Gladys Montero, entre los pacientes que esperan para entrar
al salón de operaciones, tres de ellos contestaron con una sonrisa
cuando, traductor mediante, les pregunté por el servicio de los
cubanos.
La respuesta de Ralph Pierre, de 47 años, fue la más sorpresiva.
Ralph es haitiano, pero vive desde hace una década en la Florida,
Miami. Su diabetes mellitus le provocó una catarata metabólica en
ambos ojos. El 3 de noviembre pasado recibió la primera operación en
el ojo izquierdo y ayer la del derecho. ¿Por qué operarse en Haití?:
"la solución a mi problema vine a buscarla aquí por los médicos
cubanos. En menos de un mes tengo dos cirugías en cada ojo y un buen
pronóstico visual. Ustedes han estado aquí en los momentos más
difíciles y quiero que la relación entre Cuba y Haití continúe por
siempre".
Con un abrazo me despide antes de entrar a la operación, y me
dice: "Gracias al pueblo y al Gobierno cubanos".