Desde Haití

Un día en La Renaissance

Amelia Duarte de la Rosa, enviada especial
amelia@granma.cip.cu

PUERTO PRÍNCIPE.— Justo al costado de las ruinas de la otrora Catedral de esta ciudad se encuentra el hospital de referencia comunitario La Renaissance. El acceso a la entrada es algo parecido a las candongas que proliferaron en Cuba en la década del noventa. Amontonada de sombrillas, catres de venta y basureros, la calle del centro médico es el principio de un enorme marché (mercado) al que llaman Las sombrillitas.

Foto de la autoraLa doctora Gladys Montero atiende a Ralph Pierre en la consulta preoperatoria.

La convulsiva concurrencia no es solo en las afueras, también dentro de La Renaissance el movimiento —como en todo hospital—, es muy agitado. Los médicos cubanos del programa oftalmológico Operación Milagro prestan a la población haitiana distintos tipos de servicios en los 11 departamentos ubicados en la instalación. Quien entra por primera vez puede, en pocas horas, experimentar muchas sensaciones.

Situados en los costados de los pasillos de las dos plantas, las personas esperan su turno para ser atendidas; mientras, en el lobby, un enorme mural pintado por los niños que se alojaron en el hospital después del terremoto deja latente el triste acontecimiento. Frases de agradecimiento dibujadas en creole y español para el personal médico cubano, y el nombre de los familiares fallecidos se mezclan con la gente que entra o sale sana y recuperada de la vista.

Un promedio de 15 cirugías diarias a pacientes con pterigión y cataratas realizan los 27 colaboradores de esta misión que comparte servicios oftalmológicos con otra itinerante en el país. También una sala de fisioterapia y rehabilitación, otra de ultrasonidos y rayos X, la consulta al colaborador cubano, un aula docente, y la clínica móvil, durante los fines de semana, para hacer los pesquisajes, brinda el hospital comunitario en donde laboran conjuntamente cubanos y haitianos.

En las consultas, los galenos reciben a los enfermos amablemente y, aunque muchos dominan el creole, se apoyan en los traductores para dar las indicaciones. Tiene La Renaissance al doctor de mayor edad de la Brigada Médica Cubana y a la más joven. El doctor Beltrán Velázquez, de 73 años, lleva 20 meses en la misión y se desempeña como profesor de laboratorio, y Ana Laura Hernández, técnica de refracción, suma tan solo 23 años de edad.

Basta una mañana para entender por qué este es un centro de referencia. Después de la revisión preoperatoria, que realiza la doctora Gladys Montero, entre los pacientes que esperan para entrar al salón de operaciones, tres de ellos contestaron con una sonrisa cuando, traductor mediante, les pregunté por el servicio de los cubanos.

La respuesta de Ralph Pierre, de 47 años, fue la más sorpresiva. Ralph es haitiano, pero vive desde hace una década en la Florida, Miami. Su diabetes mellitus le provocó una catarata metabólica en ambos ojos. El 3 de noviembre pasado recibió la primera operación en el ojo izquierdo y ayer la del derecho. ¿Por qué operarse en Haití?: "la solución a mi problema vine a buscarla aquí por los médicos cubanos. En menos de un mes tengo dos cirugías en cada ojo y un buen pronóstico visual. Ustedes han estado aquí en los momentos más difíciles y quiero que la relación entre Cuba y Haití continúe por siempre".

Con un abrazo me despide antes de entrar a la operación, y me dice: "Gracias al pueblo y al Gobierno cubanos".

 

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