Los oficios en Cuba

Continúa una tradición

O. FONTICOBA GENER

De lunes a viernes, el hogar de René Suárez se transforma en un salón para la limpieza de calzado. Desde 1951, este limpiabotas de oficio ha mantenido la tradición en su familia, iniciada por su padre —carpintero— y sus dos hermanos mayores, que también se dedicaron a la limpieza de zapatos.

Foto: YAIMÍ RAVELOLa práctica de oficios como el de René garantiza el desarrollo de estas labores deficitarias en el país.

"Yo sentía vocación por este trabajo —confiesa—. Estudiaba por las mañanas y en la tarde me echaba un cajón al hombro y salía a limpiar zapatos de casa en casa o en los parques".

Sin dejar nunca la práctica del oficio, René también estudió en la otrora Escuela Profesional de Comercio, donde se graduó de contador; y luego del triunfo de la Revolución cursó estudios de gastronomía y ejerció como tal en varias cafeterías de La Habana, hasta jubilarse en 1999.

Sin embargo, desde su sitio como testigo de épocas y cambios, René mantiene una preocupación: "No entiendo por qué ya no tenemos un relevo. Veo que los jóvenes no hacen este trabajo, que es como otro cualquiera. Y nosotros necesitamos un reemplazo. ¿Por qué?, porque la tradición debe seguir y dentro de algunos años tal vez no estemos aquí para enseñar".

Y es que la práctica de oficios, aunque disminuida en el tiempo, ha permanecido por siglos en la sociedad cubana, contribuyendo a su perfeccionamiento.

Limpiabotas, aguadores, forradores de botones, sastres, barberos¼ la actividad de cada una de estas figuras no es ajena a sus miles de beneficiarios, sino que ha mantenido —acaso sigilosamente— el equilibrio entre el desarrollo profesional del país y el resto de las necesidades sociales.

A ello ha contribuido también el actual proceso de ampliación y flexibilización de las actividades por cuenta propia, que ha significado no solo el surgimiento de nuevas formas de empleo alternativas al sector estatal, sino también una oportunidad para el reflorecimiento de la práctica de oficios en la Isla, en un contexto en que se potencia la integración a esas labores.

No es una cuestión meramente estadística, aunque si de cifras se trata habría que mencionar las 135 escuelas de oficios que actualmente funcionan en el país, a las que asisten cerca de 10 mil estudiantes.

Amén de la representatividad numérica, la práctica de oficios en Cuba —tanto por los cuentapropistas como por los que no lo son—, al tiempo que favorece el desarrollo económico contribuye a la actualización, reconocimiento social y mantenimiento de esta tradición.

Entonces, ¿por qué ha decrecido su práctica? ¿Prejuicios, facilismo, estigmas...? Lo cierto es que los oficios en el país, que hasta el momento experimentaban el fulminante síndrome del envejecimiento, parecen llegar ahora con nuevos bríos.

La posibilidad de mantenerlos radica no solo en las capacidades y espacios abiertos para la enseñanza o práctica de los mismos, sino en la medida en que la sociedad restituya su justo valor.

 

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