MOSCÚ, 23 noviembre.— El persistente rechazo de Rusia a la
intromisión foránea en asuntos internos de Siria y los llamados al
diálogo, intentan dar un martillazo al molde de agresión que busca
fundir Occidente.
La diplomacia rusa llegó a emplear el veto para oponerse a una
resolución sobre Siria, impulsada en el Consejo de Seguridad de la
ONU por naciones europeas, con respaldo estadounidense, una posición
que compartió con China para evitar la repetición del esquema de
Libia.
El mundo recuerda en que se convirtió el empleo del argumento de
la necesidad de proteger a la población civil en Libia, recordó
recientemente el ministro ruso del Exterior, Serguei Lavrov.
El diplomático consideró que resoluciones como la 1973 del
Consejo de Seguridad contra Libia, lejos de propiciar la defensa de
un derecho fundamental, el derecho a la vida, llevó a la tragedia de
muchos civiles del país norteafricano.
Además, la Organización del Tratado del Atlántico Norte violó
flagrantemente la letra de la propia resolución y vejó el derecho
internacional con los bombardeos a Libia, destacó.
De ahí que en esta ocasión, Rusia decidió tomar parte activa para
poner fin a las pretensiones de perpetuar el modelo de la agresión
contra naciones, cuyos gobiernos para nada son del agrado de
Occidente.
Como explican algunos analistas locales, en esta ocasión
Occidente emplea un método que puso en práctica en la última etapa
de la agresión a Libia, es decir, armar desde afuera a la oposición
radical, a la que alienta en todo momento a derrocar por la fuerza
al Gobierno.
En lugar de apoyar el acuerdo alcanzado entre Damasco y la Liga
Árabe para aplicar reformas políticas y sociales en el país
levantino, desde Washington y algunas capitales europeas se exhorta
a rechazar el diálogo con las autoridades, constató Lavrov.
La posición rusa también consiste en buscar el contacto con todas
las partes en conflicto y en la Cancillería fueron acogidos al más
alto nivel, tanto la oposición dispuesta a las conversaciones con
Damasco, como la recalcitrante, radicada en el exterior.
Además, los contactos con representantes del gobierno del
presidente sirio, Bashar al Assad, se intensificaron en los últimos
tres meses y hablan del propósito mediador de Moscú.
Tampoco se puede negar que Rusia posee vínculos estrechos con
Siria, a la cual condonó en 2005 el 75 por ciento de los casi 13 mil
500 millones de dólares de deuda soviética, cuyo monto restante
Damasco prometió devolver en mercancías, afirma el diario Kommersant.
Asimismo Rusia firmó contratos militares con esa nación por unos
tres mil 500 millones de dólares, por los cuales suministraría
complejos de defensa costera Bastión, dotados de misiles Yajont,
complejos antiaéreos Pantsir-1C y 24 cazas MIG-29M M2.
De igual forma, las fuerzas armadas sirias recibirían ocho
divisiones de complejos antiaéreos Buk M2E.
Es necesario tener en cuenta que la ayuda para reforzar la
defensa siria, se produce después que Israel, país que posee unas
200 ojivas nucleares, realizó una acción aérea relámpago para
destruir un complejo atómico de la nación levantina, en octubre de
2007.
Por otro lado, Rusia cuenta con los servicios de mantenimiento
para sus buques de la Flota del Mar Negro en la base naval de Tartus,
presente allí desde los tiempos de la Unión Soviética.
Medios de prensa locales llegaron a afirmar que al menos tres
buques de guerra de la citada flota podrían encontrarse en aguas
territoriales sirias para evitar el ingreso de embarcaciones con
armas de contrabando desde el Líbano o Turquía para la oposición
radical.
En caso de ser cierta esa versión, el especialista del Instituto
Internacional de Estudios Político-Humanitarios, Vladimir Bruterque,
afirma que la presencia de las referidas naves para nada tendría
propósitos militares, sino más bien políticos y disuasivos.
Moscú buscaría con ello frenar las tendencias de intromisión por
la fuerza desde el exterior contra Damasco.
Las denuncias de Rusia de las posiciones poco constructivas de
Occidente, dirigidas a enrarecer la atmósfera en torno a Siria,
constituyeron verdaderos martillazos para destruir el intento de
formar moldes agresivos que se puedan repetir en Siria.
Asimismo, aunque Moscú se abstuvo en una reciente votación sobre
una resolución de protección de derechos humanos en Siria en el
tercer comité de la Asamblea General de la ONU, su delegación
explicó que con ello, muestra su deseo de impedir la manipulación
del tema.
Serguei Kareev, segundo al mando de la representación rusa en
Naciones Unidas, rechazó los propósitos de algunas capitales
occidentales de emplear el tema de los derechos humanos como
pretexto para inmiscuirse en los asuntos internos sirios.
En medio de la manipulación y el bloqueo informativo que imponen
Occidente y algunos medios de prensa de naciones árabes sobre la
verdadera situación en Siria, Lavrov llegó a denunciar que era
necesario mostrar seriedad en los reclamos del fin de la violencia.
Si los llamados clamores y anhelos de democracia consisten en
asaltar estaciones policiales con morterazos y atacar edificios
administrativos, entonces Moscú de ninguna forma puede apoyar esos
anhelos, consideró.
Rusia aclara, ante todo, que está por la reconciliación de las
partes enfrentadas en Siria, el respeto al derecho internacional y
por evitar la injerencia foránea en los asuntos del referido estado,
sin oportunidades para repetir tristes experiencias como las de
Libia.