"(...
) la figura más empinada, el ánimo mejor templado, la voluntad más
indomeñable, el brazo más enérgico y el espíritu más puro del
movimiento nacional revolucionario". Así calificó Raúl Roa al joven
revolucionario Antonio Guiteras Holmes, quien dedicó su vida —corta,
pero intensa— a la organización de la lucha revolucionaria.
Hombre de profundas ideas que se destacó durante la revolución de
1930 y dejó expuesto en documentos su pensamiento nacional liberador
y antimperialista.
Nació en Estados Unidos, hijo de padre cubano y madre
norteamericana, un día como hoy hace 105 años. Pequeño aún se
traslada con su familia a Cuba, primero en Matanzas y luego en Pinar
del Río, donde se gradúa de bachiller y comienzan sus preocupaciones
por la situación política que presenta el país. Desde entonces apoya
las acciones revolucionarias del estudiantado.
Luego se graduó de doctor en Farmacia en la Universidad de La
Habana. El espíritu de la Reforma Universitaria, la agitación
estudiantil y el ejemplo de Julio Antonio Mella, fortalecieron su
formación revolucionaria.
Su primera aparición en el escenario político cubano ocurre en
1927 cuando integra el Directorio Estudiantil Universitario. A
partir de entonces siempre apareció en primera fila en la lucha
contra la tiranía machadista y enarboló los ideales democráticos y
antimperialistas.
En 1932, Guiteras funda la Unión Revolucionaria, en la que agrupa
todas las pequeñas organizaciones que ya lideraba. En septiembre de
1933 integró el Gabinete de Ministros del Gobierno de los Cien Días
y tuvo el mérito de tomar medidas a favor de su pueblo, entre ellas,
la jornada laboral de ocho horas y la intervención de la compañía de
electricidad de propiedad norteamericana.
Inmediatamente después que se instauró la tiranía Batista-Caffery-Mendieta,
Antonio Guiteras decidió organizar la insurrección armada de 1934 y,
en junio de ese año, fundó la Joven Cuba.
Tras el fracaso de la huelga de marzo de 1935, aceleró los
preparativos para la futura expedición a México junto a un grupo de
combatientes, pero fue sorprendido.
Era el amanecer del 8 de mayo de 1935. En el lugar conocido como
El Morrillo, en Matanzas, fue sorprendido y cayó en desigual combate
contra los esbirros de Fulgencio Batista, junto a su entrañable
compañero de lucha Carlos Aponte.