American Ballet Theatre, leyenda que gira

Madeleine Sautié Rodríguez

La cita concertada por el catedrático Alex Ewing, hijo de Lucía Chase —fundadora de la más importante compañía norteamericana de danza de todos los tiempos, el American Ballet Theatre, (ABT) y por tanto, testigo presencial de su nacimiento como Ballet Theater— en el Museo Nacional de la Danza, validó a esa institución patrimonial con un mérito más al celebrarse allí una charla en la que los presentes pudieron escuchar bien de cerca la leyenda que entraña ese acontecimiento mundial.

FOTO Jorge Luis González Alex Ewing, hijo de la fundadora del American Ballet Theater, en La Habana.

La historia atesorada por el Museo anfitrión, donde pueden hallarse tantas referencias de la estancia de Alicia Alonso en ese cuerpo de baile en cuyo escenario alcanzó su talla universal, y la placentera impresión que le causó a Ewing visitar por estos días una clase de ballet en la Academia que la ballerina assoluta dirige, fueron los comentarios iniciales de la velada en la que, por las remembranzas de 70 años de aconteceres inolvidables y por los detalles que incorporó quien viviera cada uno de ellos, "puso a danzar", al menos en la mente del auditorio, a la agrupación a la que se entregó por más de 40 años su madre y con la que plantó "la semilla" de la que surgirían otras asociaciones danzarías de ese país.

Los inicios del ABT en los que se fundieron a la vez fortalezas y debilidades —aunque resultaran triunfantes las primeras— si se tiene en cuenta que habiendo arrancado con 11 coreógrafos, 80 piezas de ballet y 70 bailarines no tenían todos los espacios para presentarse, fueron descritos por el también investigador de la colección de danza de la Biblioteca Pública de Nueva York a la par que incorporó sus valoraciones sobre figuras muy queridas por la Chase como el coreógrafo Anthony Tudor y la bailarina Natalia Makarova, entre las que destacó muy particularmente a Alicia.

La puja indetenible del ABT, que halló entonces muchos escenarios cerrados, giró "noche tras noche" para abrirse paso de una ciudad a otra, hasta pequeños teatros, villas y gimnasios sin importarles demasiado las condiciones de lugar sino mantenerse bailando. Así, viajaron por todos los Estados del país, estuvieron en 300 lugares, llegaron a los cinco continentes y a convertirse en una compañía profesional.

"El público que no teníamos antes ya estaba esperándonos en cada ciudad, por eso creo que el nacimiento del Ballet Theatre fue el acontecimiento más importante de la danza en el siglo XX, en un momento en que el desarrollo de ese arte era casi nulo."

Ewing estableció un paralelo entre su madre y Alicia, apuntando al extenso período en que permaneció la primera (45 años), y aún se halla la segunda, dirigiendo sendas compañías y poniéndoles todo su corazón y su energía en aras de la belleza y el arte.

Por último, dijo creer que al público cubano le encantaría tener de vuelta al ABT, como lo hiciera en el contexto del Festival Internacional de Ballet de La Habana, el pasado 2010, después de 50 años sin presentarse en la Isla. Del mismo modo —y asegurando correr la voz en su país— no pudo ocultar su deseo de que "más estadounidenses pudieran venir hasta aquí porque se sentirían muy a gusto en sus calles donde se está como en casa".

 

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