La historia atesorada por el Museo anfitrión, donde pueden
hallarse tantas referencias de la estancia de Alicia Alonso en ese
cuerpo de baile en cuyo escenario alcanzó su talla universal, y la
placentera impresión que le causó a Ewing visitar por estos días una
clase de ballet en la Academia que la ballerina assoluta dirige,
fueron los comentarios iniciales de la velada en la que, por las
remembranzas de 70 años de aconteceres inolvidables y por los
detalles que incorporó quien viviera cada uno de ellos, "puso a
danzar", al menos en la mente del auditorio, a la agrupación a la
que se entregó por más de 40 años su madre y con la que plantó "la
semilla" de la que surgirían otras asociaciones danzarías de ese
país.
Los inicios del ABT en los que se fundieron a la vez fortalezas y
debilidades —aunque resultaran triunfantes las primeras— si se tiene
en cuenta que habiendo arrancado con 11 coreógrafos, 80 piezas de
ballet y 70 bailarines no tenían todos los espacios para
presentarse, fueron descritos por el también investigador de la
colección de danza de la Biblioteca Pública de Nueva York a la par
que incorporó sus valoraciones sobre figuras muy queridas por la
Chase como el coreógrafo Anthony Tudor y la bailarina Natalia
Makarova, entre las que destacó muy particularmente a Alicia.
La puja indetenible del ABT, que halló entonces muchos escenarios
cerrados, giró "noche tras noche" para abrirse paso de una ciudad a
otra, hasta pequeños teatros, villas y gimnasios sin importarles
demasiado las condiciones de lugar sino mantenerse bailando. Así,
viajaron por todos los Estados del país, estuvieron en 300 lugares,
llegaron a los cinco continentes y a convertirse en una compañía
profesional.
"El público que no teníamos antes ya estaba esperándonos en cada
ciudad, por eso creo que el nacimiento del Ballet Theatre fue el
acontecimiento más importante de la danza en el siglo XX, en un
momento en que el desarrollo de ese arte era casi nulo."
Ewing estableció un paralelo entre su madre y Alicia, apuntando
al extenso período en que permaneció la primera (45 años), y aún se
halla la segunda, dirigiendo sendas compañías y poniéndoles todo su
corazón y su energía en aras de la belleza y el arte.
Por último, dijo creer que al público cubano le encantaría tener
de vuelta al ABT, como lo hiciera en el contexto del Festival
Internacional de Ballet de La Habana, el pasado 2010, después de 50
años sin presentarse en la Isla. Del mismo modo —y asegurando correr
la voz en su país— no pudo ocultar su deseo de que "más
estadounidenses pudieran venir hasta aquí porque se sentirían muy a
gusto en sus calles donde se está como en casa".