Anexas, pero no al margen

Asentadas en pleno escenario productivo, las “aulas anexas” pueden acercarse cada vez más a una mejor formación técnico-profesional

PASTOR BATISTA VALDÉS

JOBABO.—Mientras en plena vaquería los alumnos escuchan al profesor e interactúan con los animales, Geovani Borte Perigó y Onílver Nieves Ávila (directivos hoy del instituto politécnico Manifiesto de Montecristi), recuerdan aquella etapa cuando ellos estudiaron en ese mismo centro de la Enseñanza Técnico Profesional (ETP). Entonces no existían las llamadas aulas anexas para apoyar la formación de los estudiantes.

Foto del autorMuchachas se inclinan por oficios como este, relacionado con la elaboración de muebles.

"Actualmente tenemos 160 locales o espacios de ese tipo en organismos con los cuales Educación ha establecido convenios, tal y como establece nuestro ministerio" —explica Erla Céspedes Galiano, subdirectora provincial de la ETP.

Aunque ella coincide con otros especialistas y profesores en que esa experiencia puede mejorar todavía, el primer trienio aporta un saldo positivo.

"Las ventajas son palpables —dice Onílver Nieves— porque el estudiante encuentra ahí lo que no tiene en el politécnico, comienza a adquirir destreza, puede poner en práctica lo que aprende en el aula y se familiariza con el ambiente laboral donde trabajará al graduarse."

Pero también comparte el criterio de Geovani Borte, quien razona que, por su trascendencia, muchas de las aulas anexas todavía pueden mejorar y optimizar su función como complemento del proceso docente.

Aún con detalles por pulir, la idea progresa y permite que estudiantes como Wilfredo Reyes Miranda se sientan motivados, mientras les realizan análisis por vez primera a los animales.

MECHA PRENDIDA

Reconstructora de ómnibus, Las Tunas, 8:30 a.m.: el chapista José Luis Parra tiene la oportunidad de devolver ahora a los muchachos del politécnico XI Festival la dedicación con que lo atendieron a él, en ese mismo taller, cuando estudiaba soldadura en el mencionado instituto.

Por eso detiene de buen gusto su labor para intercambiar con los futuros obreros, explicarles el uso de los medios de protección, el modo de encender y regular "la mecha", cómo aplicarla sobre el metal, de qué manera emplear la pulidora, el martillo, las tijeras¼

Gracias a ese ambiente, Mario Alberto Castillo Mayer vio realizado el anhelo de soldar, que nació de observar a su padre en esa labor.

"Ahora que empiezo a conocer este oficio —afirma— me convenzo más de que elegí lo que me gusta."

Similar es el panorama en los talleres de la empresa del mueble (Ludema), donde a pesar de la intensa actividad siempre hay espacio y tiempo para los futuros técnicos, gracias a la sensibilidad de quienes piensan como Rosa Varona, especialista de producción:

"Este es el lugar para reafirmar y ejercitar lo que se aprende en clases, porque no todas las escuelas de oficio y politécnicos cuentan con un taller donde practicar."

Así opina Reynaldo Rivero Labrada, profesor de la Enseñanza, quien ve en los talleres agropecuarios otro magnífico espacio, abierto a la preparación integral de esos obreros en formación que, a la vuelta de un año, empezarán escalonadamente a asumir la fabricación, rescate y adecuado uso de los implementos y de la maquinaria agrícola.

Las aulas anexas son espacios que se abren a la formación, lo más integral posible, de quienes mañana llevarán la voz productiva o las riendas directivas de esos mismos centros en toda Cuba.

 

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