Una reina para la habanera

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu  

A los festejos por el aniversario 492 de la fundación de la villa de San Cristóbal le llegó el saludo, en aires de habanera, de una cantante que en la última década ha logrado posicionarse como una de las voces en desarrollo más plenas y necesarias en el panorama lírico musical de la Isla: Johana Simón.

foto: Juvenal BalánJohana Simón. 

En el Oratorio San Felipe Neri, con el acompañamiento al piano de Esperanza Rodríguez, Johana recorrió algunos de los hitos de ese género seminal, enriquecido secularmente en las idas y vueltas a uno y otro lado del Atlántico.

Entre las páginas más frecuentadas no podían faltar Mírame así, de Eduardo Sánchez de Fuentes, ni La bella cubana, del inefable José White, con la línea melódica del violín aportado por Jenny Peña, ni ya en el plano de la mayor exigencia el célebre Vocalisse en forma de habanera, del francés Maurice Ravel, ni la Havanaise, de Pauline Viardot.

Tampoco fue esta la primera vez en que la Simón, asistida por una vocación de estudio de sus raíces, redescubre momentos significativos pero venidos a menos de nuestro acervo lírico, como lo son Bajo una enredadera, de Carmelina Delfín, Habanera simple, del recordado maestro Félix Guerrero, y la atrevida y criollísima Al ingenio de mi papá, que Ignacio Cervantes incluyó en su zarzuela El submarino de Peral.

Quizá pudo prescindir de En tu jardín solar de mar y viento, hermoso poema de Ángel Augier dedicado a Alicia Alonso, pero que no corrió igual fortuna en la musicalización del trovador Walfrido Guevara ni aún con la atendible versión para piano y voz de Hilario González, compositor que merece ser mucho más escuchado en nuestra época.

Sin embargo, el mayor desafío estuvo al comienzo del recital, cuando Johana interpretó el ciclo Cinco canciones negras, del catalán Xavier Montsalvatge (1912 – 2001), honrado con el Premio Iberoamericano de la Música Tomás Luis Victoria al igual que nuestros Harold Gramatges y Leo Brouwer.

Las aludidas piezas vocales han devenido referencias ineludibles en el cancionero ibérico de concierto de la primera mitad del siglo XX, solo comparables con el impacto de Siete canciones españolas, de Manuel de Falla. Prueba al canto, su presencia en los repertorios de grandes voces peninsulares como las de Montserrat Caballé, Teresa Berganza y Victoria de los Ángeles. El genio de Montsalvatge se transparenta en el juego con un esquema tonal armónico llevado a tensiones inimaginables y su encaje con líneas de canto influidas por la habanera y el son pero asimiladas a un estilo personal.

La Simón no sólo logró una sensible identidad con el material sonoro de Montsalvatge sino que supo transmitir las inflexiones e intenciones de los versos de Rafael Alberti, Nicolás Guillén, Idelfonso Pereda Valdés y Néstor Luján musicalizados por el compositor catalán. Valdrá la pena que esta versión de la muchacha habanera de las Cinco canciones negras quedara registrada más temprano que tarde en un fonograma.

 

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