A
un año de su muerte, el cine La Rampa y otras pantallas del país
exhiben una de las últimas películas del mítico Claude Chabrol,
Una mujer partida en dos (2007), basada en hechos reales
acaecidos en el año 1906 y que, recogidos en un libro, sirvieron de
inspiración a Richard Fleischer, en 1955, para filmar La muchacha
del trapecio rojo, cinta norteamericana que quizá por el año en
que fue filmada impregnó un matiz puritano, de "pecado carnal", a
una historia trágica signada por un complejo espíritu de atracción
física, sensual y hasta sicalíptico.
El núcleo de la historia real, Chabrol lo sitúa en el presente y
la mujer, que en 1906 fuera una trapecista asediada por su belleza,
es ahora una presentadora del parte del tiempo que, al pendular
entre dos amores, deberá, de manera metafórica, cortarse en dos: por
una parte un maduro y exitoso escritor, ser lujurioso y que parece
sabérselas todas en los dominios de la seducción, y por la otra, un
joven rico, arrogante, bastante desequilibrado, pero con el dinero
suficiente como para garantizar un bienestar material a la muchacha.
La mesa estará servida entonces para que Chabrol desate un estilo
que ya ha pasado a la historia del cine con un cuño de autor muy
propio y que, a grandes rasgos, pudiera analizarse en su sostenida
crítica a la burguesía francesa, principalmente de provincia, y en
su manera de asumir el drama, el suspenso y la tragedia sin recurrir
a artificios manipuladores.
Un realizador célebre Chabrol, por los enfoques que realiza en
torno a la dominación, la dependencia y las relaciones de poder
dentro de la pareja, y célebre también por su certera mano en la
dirección de actores, y ya se podrá apreciar todo lo que saca de
Ludivine Sagnier, una de las últimas bellezas de lujo de la
cinematografía francesa.
Como en otros filmes suyos, a Chabrol no le interesa tanto el
aspecto criminal de la tragedia como los motivos que la provocan, de
ahí el fino tejido de caracteres de los personajes. El escritor
maduro puede parecernos seductor con todas sus argucias y telarañas
románticas, pero a medida que su encanto se apaga, solo quedará de
él el lado egoísta de sus trampas amorosas. En cuanto al joven rico
y antipático, es eso mismo, pero al final del cuento es posible que
termine dando lástima. Lo interesante de ambos ––parece decirnos el
director–– son los elementos que los desequilibran en la relación
amorosa con la muchacha.
Una buena oportunidad La mujer partida en dos para ponerse
en contacto con uno de los cineastas más franceses del cine francés
de todos los tiempos, fundador de la Nueva Ola, cronista de una
burguesía nacional que conoció desde la piel hasta los huesos, y
dueño de una mirada muy especial para recrear historias y personajes
próximos a la perversión y el crimen.