Bajo los acordes de la música del afamado compositor cubano
Compay Segundo (1907-2003), tuvo lugar aquí el estreno mundial de
Las flores de su vida, una obra que rinde homenaje al creador del
Chan chan.
Luego de varios tropiezos hoy hemos hecho realidad un largo y
difícil sueño que involucra a muchos amigos y que recrea la vida de
uno de mis ídolos musicales, expresó emocionado el director,
gionista y protagonista masculino de la pieza teatral, Tulio Marín,
al dar las gracias al público por los aplausos y su aceptación,
reporta Prensa Latina.
Llena de amor, humanismo y cubanía, la obra recrea, con un
lenguaje poético y en ocasiones lleno de humor, trascendentales
pasajes de la existencia de Máximo Francisco Repilado Muñoz, nombre
oficial del artista, como su encuentro con Juan Pablo II en el
Vaticano, durante una gira por Italia.
Las flores de la vida, nombre que sirvió de título a esta puesta
en escena, fue uno de los últimos temas compuestos por Compay tras
su diálogo con el Papa, y en él resume todos los éxitos de su vida,
marcada en lo musical por un Premio Grammy por el disco de Buena
Vista Social Club, y una nominación por esta canción.
Populares tonadillas como Vicenta, Versos para ti, Macusa y Una
rosa de Francia, entre otras, se escucharon en el escenario del
capitalino teatro Mella, en un espectáculo que también rindió
sincero tributo a figuras emblemáticas de la música tradicional
cubana como Miguel Matamoros, Ñico Saquito, Lorenzo Hierrezuelo (Lolo),
María Teresa Vera y Joseíto Fernández.
La historia de amor entre Pancho (Marín), apodo cariñoso que
solía recibir Compay, y Macusa (Yanet Corzo), amor juvenil del
legendario trovador, tiene entre los argumentos básicos para la
elaboración del texto, sucesos reales ocurridos desde finales de la
década del veinte hasta el 2003, que se entrecruzan en una especie
de juego con el tiempo y el espacio.
En la interpretación femenina vale la pena destacar, las
transiciones que realiza la joven sólo a través de la actuación y
del maquillaje de caracterización, para ofrecerle al público
diferentes momentos en la vida de su personaje.
La obra, cuya trama tiene como escenario principal la estación de
ferrocarril de la oriental provincia de Santiago de Cuba, tierra
natal del músico y punto de encuentro de los enamorados en el viaje
de fuga hacia La Habana, también constituye un homenaje a la capital
de todos los cubanos en su 492 aniversario.
Mención especial merece el vestuario de la artista alemana Kris
Kris, por el colorido y la frescura de sus diseños, así como las
coreografías del joven bailarín Abdiel Vargas, que en número de 12
recrean tradiciones danzarias y el folclor de la nación caribeña.
Con esta puesta en escena, la estrenada Marabal Compañía inicia
su camino en el teatro musical, en tanto para el próximo año podrían
subir a las tablas otras dos obras de similar factura, cuyos
detalles no adelantó Marín, aunque en declaraciones a Prensa Latina
precisó que ambos casos constituirán una defensa de la música cubana
y sus cultivadores.
Una vez más, los sonidos del armónico (instrumento musical
parecido a la guitarra) y de los clarinetes de Compay se volvieron a
escuchar, en un espectáculo interpretado y concebido por jóvenes,
que demostraron con su arte que las tradiciones en Cuba siguen
vivas.