Mientras nuestro pueblo lleva adelante la actualización de su
modelo económico para garantizar la continuidad del socialismo, y
miles de cubanos se esfuerzan por aportar cada día más a la
sociedad, desarrollando nuevas vacunas, construyendo, cultivando la
tierra o entregando su talento para que seamos más cultos y
educados, otros cubanos, actuando diferente, quieren vivir sin dar
nada y queriéndolo todo.
Cuba
no está en contra del uso de la tecnología, al contrario. El mundo
se mueve a velocidad vertiginosa en esta esfera, pero se requiere
orden, control. Montar estaciones de satélite, necesita licencia,
explicó para el serial Las Razones de Cuba, el ingeniero Carlos
Martínez, director general de la Agencia de Control y Supervisión
(ACS), del Ministerio de la Informática y las Comunicaciones (MIC).
No se trata de una exclusividad de Cuba. Es algo que está estipulado
de manera internacional. Firmada por 189 naciones, la Constitución
de la Unión Internacional de Telecomunicaciones es el texto que
funge como órgano especializado de la Organización de Naciones
Unidas vinculado al tema. Y reconoce en toda su plenitud el derecho
soberano de los Estados a reglamentar esta rama.
Son los que sin ningún tipo de escrúpulo pasan por encima de los
valores humanos y de las normas jurídicas, violan conceptos
fundamentales de la convivencia en sociedad, corrompen a algunos a
su alrededor y roban buscando aumentar sus arcas.
Para ellos no existen la verdadera amistad, el deber o la moral,
y mucho menos el pueblo. Y si con lo que hacen, afectan a otros,
¡qué importa!, su provecho está primero.
Cuando se sustrae de una entidad estatal cualquier tipo de
recurso, unido a la afectación económica se produce sobre todo un
gran daño social. Por ejemplo, quienes desde hace tiempo se vienen
dedicando al robo de angulares, cables coaxiales, equipos de
computación y otros medios, que se utilizan en las comunicaciones
nacionales e internacionales para la instalación de equipos de
recepción satelital, además de incurrir en un delito, afectan a
otras personas que ven frenadas —por falta de recursos— la
instalación estatal de medios de comunicación, como es el caso de
los teléfonos.
Conocida es también la sustracción de cables coaxiales o medios
de cómputo, por ejemplo, en hospitales. Si un centro asistencial
necesita de estos recursos es precisamente un hospital; sin embargo,
poco importa a estas personas.
La obtención de servicios de telecomunicaciones mediante
conexiones clandestinas o fraudulentas, o la utilización de
cualquier maniobra técnica que permita neutralizar, eludir o burlar
los mecanismos de control establecidos, constituye un delito.
Aun conociéndolo, los que delinquen se creen impunes. Se dedican
a la construcción e instalación de antenas parabólicas y equipos de
recepción de señales satelitales a cambio de importantes sumas de
dinero.
En su afán de enriquecimiento, los comisores de este tipo de
delito arrastran a otros ciudadanos que, conociendo o no lo
establecido por la ley para estos casos, les compran los medios que
ilegalmente se fabrican, convirtiéndose en receptadores. En su
acción delictiva también estimulan a trabajadores estatales a ser
parte de sus negocios, convirtiéndolos en cómplices al robarles a
sus propias entidades para provecho individual. También están los
que tienen el deber de ofrecer el servicio de forma legal y
argumentan dificultades para que los necesitados recurran al
soborno, como método de alcanzar lo que es su derecho.
La acción de efectivos de nuestra Policía Nacional Revolucionaria
evitó que, hace unos meses, un ciudadano siguiera violando las
normas establecidas y continuara incrementando ilícitamente su
patrimonio personal. Le fue ocupado suficiente material como para
demostrar que se dedicaba a la instalación de antenas parabólicas y
equipos de recepción de señales satelitales. Además, se dedicaba a
la recarga de tarjetas satelitales.
Se dedicó a lo que pensó sería "un negocio redondo" y localizó a
quienes poseían equipos de recepción satelital, a los que convirtió
también en violadores de la Ley.
Se calcula que lo venía haciendo desde el 2008. Los clientes de
este individuo lo corroboraron, y a ellos les fueron decomisados
algunos de los medios utilizados en esta actividad ilícita.
Entre los equipos decomisados se encontraron varios receptores
satelitales DIRECTV, antena satelital DIS NETWORK, teléfonos
celulares marca BLAK BERRY, tarjetas satelitales, más de 70 metros
de cables coaxiales, y otros sofisticados equipos electrónicos.
La protección del espectro de radiocomunicaciones espaciales es
tarea, en cualquier país del mundo, del Estado. Ello es una acción
de seguridad nacional y cuenta con un sistema de normas, de
obligatorio cumplimiento, que regulan la actividad. Esas normas
constituyen un poderoso escudo para la defensa de la soberanía.
En el Decreto-Ley 157 de 1995: "De los servicios de
telecomunicaciones de carácter limitado"; en la Resolución 098 de
igual año, del Ministerio de la Informática y las Comunicaciones (MIC)
y en el Decreto 269 del 2000 del Consejo de Ministros: "De los
servicios de radiocomunicaciones espaciales", se recogen las
sanciones pecuniarias a imponer a quienes violen estas
disposiciones. Las mismas van desde los 10 000 hasta los 20 000
pesos y si los inspectores lo deciden —pues están facultados para
ello— pueden llegar hasta los 30 000 o su equivalente al cambio
oficial en pesos convertibles. También, como medida accesoria,
quienes incurran en este delito están sujetos al decomiso
administrativo de medios y equipos empleados.
Por su parte, el Código Penal dispone la sanción de privación de
libertad de uno a tres años o multa elevada, además de la
confiscación de los bienes.
En abril de este año fueron detenidos varios residentes en la
capital, quienes desde hacía algún tiempo y sin tener ningún tipo de
autorización legal, con ánimo de lucro, se dedicaban a instalar
redes de acceso inalámbricas.
Usando Internet, por vía satelital y utilizando dichos medios,
así como otros equipos, implementaron el servicio que les permitía
recibir llamadas internacionales sin necesidad de acceder a las
redes terminales de ETECSA. Esto provocó serias afectaciones a esta
entidad del Estado cubano, la cual dejó de recibir ganancias por
concepto de llamadas internacionales que ellos realizaron
ilegalmente.
Esta actividad es financiada por Estados Unidos, desde donde
llegan al país los medios e implementos necesarios, burlando los
controles establecidos.
A ellos se les ocuparon teclados, discos duros, torres de
computadoras, fuentes de alimentación, cabezas de red inalámbrica,
modem, varios power data y rollos de cable para red, motherboard,
impresora, un teléfono móvil y altas sumas de dinero.
Cuba tiene todo el derecho de salvaguardar su soberanía
radio-electrónica. Los que intenten burlarla recibirán el peso de la
aplicación de las normas administrativas correspondientes y de la
Ley penal.