Nadie ni nada podrá ensombrecer la extraordinaria labor
humanitaria que el personal médico cubano ha cumplido y cumple en
Haití desde hace casi 13 años de duro trabajo por la vida de este
país, sacudido por enfermedades, huracanes y un letal terremoto.
Nuestros galenos, enfermeras y otro personal han brindado desde
el 4 de diciembre de 1998 y hasta el 9 de noviembre de este año más
de 18 millones atenciones médicas, efectuado 133 593 partos y
realizado 304 977 intervenciones quirúrgicas (37 % de ellas
mayores); mientras les devolvieron o mejoraron la visión a 53 712
haitianos, la abrumadora mayoría de todas esas personas muy pobres,
residentes en apartadas comunidades y sin hacer ningún tipo de
distingo por sexo, raza, condición social o pertenencia política. El
único compromiso ha sido con la vida humana.
Aun ni los medios de la llamada gran prensa norteamericana, nada
afectos a la Revolución cubana, como el The New York Times, han
podido ignorar la intachable labor de los médicos cubanos, por
ejemplo, en la lucha contra la epidemia de cólera en Haití, donde
han salvado la vida a más de 76 300 personas infectadas con ese
terrible mal, con una bajísima tasa de letalidad, y en difíciles
condiciones de vida y trabajo.
La Brigada Médica cubana aún se mantiene en la vapuleada tierra
que vio nacer al gran Louverture, mientras más de la mitad de las
organizaciones no gubernamentales, la mayoría occidentales, ya se
han retirado de Haití, dejando a este pueblo a su triste suerte.
Y eso lo saben muy bien las jóvenes doctoras haitianas Emile
Nadege y Lourdes Philippeaux, dos brillantes exponentes de entre las
seis promociones y 8 594 graduados, de 54 países del 2005 al 2010,
de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) de La Habana.
Ellas tienen muchas razones para amar a Cuba, a Fidel y a su
gente como a su propia familia.
"Cuba y Fidel hicieron posible mi sueño de ser médico y la
formación que me dieron me ha permitido ver las cosas de una forma
más humana para regresar a mi país y ayudar a mi pueblo a levantarse
de tantas enfermedades", expresa a Granma la doctora Emile,
oriunda de Puerto Príncipe e integrante del primer grupo de 120
haitianos que recibieron sus títulos como egresados de la primera
promoción de la ELAM.
Inquieta y afable, a Emile además de codirigir el hospital
comunitario de referencia de la montañosa comuna rural de L’Asile,
departamento sureño de Nippe, junto al licenciado en enfermería Raúl
Larrigana Torres, de la provincia Mayabeque, lo mismo se la puede
ver dando consulta, haciendo terreno o con una fregona en la mano
limpiando pisos y paredes para mantener la pulcritud de este centro
asistencial orgullo de nuestra brigada médica en Haití.
A su vez la doctora Philippeaux, graduada en el 2010 de la ELAM y
destacada en la también comuna montañosa de Kenscoff, pero en los
alrededores de Puerto Príncipe, significa que aún sus compatriotas
necesitan de la asistencia médica de los cubanos porque es de
calidad y muy humanitaria.
"La mayoría de los diez millones de haitianos no tienen cómo
pagar por la atención médica y en muchos lugares estos servicios no
existen. La facultad de medicina del Estado solo gradúa 100 galenos
por año, cifra insuficiente para las necesidades de nuestro país",
acentúa esta joven doctora, mientras atiende en consulta a la
pequeña Yelia Chery, de 10 años, aquejada de una enfermedad
respiratoria aguda.
Realizarse en la vida y contribuir a la salud de su pueblo y la
de otras naciones del Tercer Mundo, son las razones por las que
nunca Emile o Lourdes dejarán de amar a Cuba y a su gente, arguyen
con convicción.