Si imprescindible es terminar en tiempo una acción constructiva,
el mismo valor tiene que la ejecución resalte por su calidad, en
cuanto a la configuración, alcance, costo y plazo; premisas que se
han ido alejando durante años de las construcciones cubanas.
Las deficiencias que se presentan bastante generalizadas en obras
y centros de producción, corroboran las continuas fallas que todavía
persisten desde la esfera organizativa hasta la culminación de los
procesos productivos, las cuales responden a vicios subyacentes que
inclinan la balanza más hacia la subjetividad que a las reales
carencias tecnológicas que enfrenta el sector.
El conformismo y la voluntariedad, así como la falta de
integralidad, responsabilidad, exigencia y autoridad, aún pululan en
el ajetreo de las obras y de las fábricas de materiales. Ello deriva
en un malgasto de valiosos recursos y lacera el prestigio de
técnicos, especialistas y obreros, porque el mal trabajo
constructivo se aprecia a simple vista. También pone en tela de
juicio la profesionalidad de los que se dedican a la actividad.
Es necesario en primer lugar traspasar el muro de la autocrítica,
sabia hasta un punto pero después conformista desde el momento en
que se repite progresivamente en todos los talleres, balances y en
cuanta reunión se realiza; los problemas ya están detectados, así
como su solución: el cumplimiento de la Resolución 91 del 2006, que
regula las indicaciones para el mejor desenvolvimiento y eficacia
del proceso inversionista, incluida la evaluación y la aprobación de
los proyectos de inversión y las tareas de cada uno de los que
intervienen en él, así como el respeto de las cientos de normativas
que siempre han ordenado la actividad constructiva del país.
Sobre esa ruta se encaminó el área técnica del Ministerio de la
Construcción para la elaboración de un plan de 15 nuevas y amplias
estrategias para recuperar las buenas prácticas, basado en los
Lineamientos aprobados en el Sexto Congreso del Partido relacionados
con la política inversionista; la de ciencia, tecnología, innovación
y medio ambiente; la industrial y energética, y, por supuesto, la
que rige las construcciones, viviendas y recursos hidráulicos.
No obstante —como alertan los viejos conocedores— es válido
retomar la dirección integrada de proyectos, por la posibilidad que
brinda de coordinar y optimizar el uso de todos los recursos, ya
sean materiales y humanos, utilizando el liderazgo, las
metodologías, las técnicas y herramientas adecuadas.
Y así borrar las perennes violaciones que aparecen desde que se
comercializa y se acepta materia prima no óptima para producir
materiales; desde que el inversionista no acude a controlar su
inversión y el proyectista se deslinda de su creación; desde que el
contrato no se realiza de manera adecuada y luego se irrespeta
abiertamente; desde que se inicia una obra sin estar completa su
preparación, que incluye toda la documentación técnica y las
licencias de construcción; y desde que se pasa a la siguiente fase
sin cumplir con los requisitos de calidad especificados.
Además, debe rescatarse el compromiso social y la disposición de
todos los que participan en el proceso, iniciando por su ejecución
hasta su materialización, para construir en tiempo y con óptima
calidad.