Construir en tiempo sí, pero con óptima calidad

LIVIA RODRÍGUEZ DELIS

Si imprescindible es terminar en tiempo una acción constructiva, el mismo valor tiene que la ejecución resalte por su calidad, en cuanto a la configuración, alcance, costo y plazo; premisas que se han ido alejando durante años de las construcciones cubanas.

Las deficiencias que se presentan bastante generalizadas en obras y centros de producción, corroboran las continuas fallas que todavía persisten desde la esfera organizativa hasta la culminación de los procesos productivos, las cuales responden a vicios subyacentes que inclinan la balanza más hacia la subjetividad que a las reales carencias tecnológicas que enfrenta el sector.

El conformismo y la voluntariedad, así como la falta de integralidad, responsabilidad, exigencia y autoridad, aún pululan en el ajetreo de las obras y de las fábricas de materiales. Ello deriva en un malgasto de valiosos recursos y lacera el prestigio de técnicos, especialistas y obreros, porque el mal trabajo constructivo se aprecia a simple vista. También pone en tela de juicio la profesionalidad de los que se dedican a la actividad.

Es necesario en primer lugar traspasar el muro de la autocrítica, sabia hasta un punto pero después conformista desde el momento en que se repite progresivamente en todos los talleres, balances y en cuanta reunión se realiza; los problemas ya están detectados, así como su solución: el cumplimiento de la Resolución 91 del 2006, que regula las indicaciones para el mejor desenvolvimiento y eficacia del proceso inversionista, incluida la evaluación y la aprobación de los proyectos de inversión y las tareas de cada uno de los que intervienen en él, así como el respeto de las cientos de normativas que siempre han ordenado la actividad constructiva del país.

Sobre esa ruta se encaminó el área técnica del Ministerio de la Construcción para la elaboración de un plan de 15 nuevas y amplias estrategias para recuperar las buenas prácticas, basado en los Lineamientos aprobados en el Sexto Congreso del Partido relacionados con la política inversionista; la de ciencia, tecnología, innovación y medio ambiente; la industrial y energética, y, por supuesto, la que rige las construcciones, viviendas y recursos hidráulicos.

No obstante —como alertan los viejos conocedores— es válido retomar la dirección integrada de proyectos, por la posibilidad que brinda de coordinar y optimizar el uso de todos los recursos, ya sean materiales y humanos, utilizando el liderazgo, las metodologías, las técnicas y herramientas adecuadas.

Y así borrar las perennes violaciones que aparecen desde que se comercializa y se acepta materia prima no óptima para producir materiales; desde que el inversionista no acude a controlar su inversión y el proyectista se deslinda de su creación; desde que el contrato no se realiza de manera adecuada y luego se irrespeta abiertamente; desde que se inicia una obra sin estar completa su preparación, que incluye toda la documentación técnica y las licencias de construcción; y desde que se pasa a la siguiente fase sin cumplir con los requisitos de calidad especificados.

Además, debe rescatarse el compromiso social y la disposición de todos los que participan en el proceso, iniciando por su ejecución hasta su materialización, para construir en tiempo y con óptima calidad.

 

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