Nuestros políticos son poco más que lavadores de dinero en el
tráfico de poder y político; poco menos de seis grados de separación
del espíritu y tácticas de Tony Soprano, afirma el gran periodista
veterano Bill Moyers. Agrega que "no hay misterio en por qué el
Parque Zuccotti (Plaza Libertad) está lleno de gente. Los reporteros
siguen rascándose la cabeza y preguntando ‘¿por qué están aquí?’.
Pero está claro que están ocupando Wall Street porque Wall Street ha
ocupado el país".
Moyers, en un discurso sobre el tema, comenta que muchos se
preguntan por qué los manifestantes no canalizan su energía al
ámbito partidista electoral y señala que la democracia no está
funcionando en este país, con líderes de ambos partidos a la defensa
de los más ricos, o como el presidente Barack Obama, que acepta sus
donaciones mientras solo en la retórica denuncia a Wall Street y a
la cúpula económica.
Celebramos elecciones sabiendo que es poco probable que produzcan
las políticas que la mayoría de estadounidenses favorece. Nos
expresamos, escribimos, abogamos, pero aquellos en el poder se
mantienen sordos y ciegos a nuestras aspiraciones más profundas.
Solicitamos, instamos y hasta oramos; aun así el mundo, que es
nuestra tierra común, que deberíamos entregar en buenas condiciones
a las próximas generaciones, continúa siendo saqueado, declara
Moyers.
Más de 14 millones de personas están desempleadas, otros diez
millones no encuentran empleo pleno, uno de cada seis
estadounidenses está en la pobreza, más de seis millones han perdido
sus viviendas por la crisis hipotecaria y más, mientras que el 1 %
más rico multiplica sus ingresos y controla cada vez más la riqueza
nacional (ya controla el 40 %), sobre todo los vinculados al sector
financiero.
Los bancos más grandes son aún más enormes hoy que cuando Obama
asumió la presidencia, y están recuperando los niveles de utilidades
que gozaban antes de la recesión del 2008, mientras las casas
financieras de Wall Street han logrado generar más utilidades en los
primeros dos años y medio de Obama de las que ganaron durante los
ocho años de la presidencia de George W. Bush, reportó el Washington
Post este fin de semana.
La industria financiera —Wall Street— logró esto después de que
la rescataran del colapso con miles de millones en fondos públicos y
políticas del gobierno que permitieron que recuperara su posición
prominente en la economía. Pero en lugar de utilizar toda esta
asistencia pública para regenerar el crecimiento económico, las
empresas financieras regresaron al mismo juego de casino que provocó
la peor crisis desde la gran depresión. El gobierno no fue tan
generoso en su apoyo a los millones de trabajadores que están
pagando los costos de la crisis.
Con todo esto, no se necesita mucho más para explicar por qué el
movimiento Ocupa sigue creciendo.
Todo un elenco de figuras —tanto liberales como conservadoras—
intentan una y otra vez reducir o descartar la relevancia del
movimiento. El columnista conservador David Brooks (ninguna relación
con este reportero) del New York Times intenta desde su trono de
observación, empapado de arrogancia intelectual, reducir el
movimiento a algo sin brújula, poco serio, y hasta poco radical.
Algunos lo comparan con otros movimientos en India y otros lugares,
para señalar que aunque son válidas sus motivaciones, no saben ser
serios en promover cambios. Otros indican que mientras no entiendan
que tienen que trabajar dentro de los esquemas políticos-electorales
de este país no podrán hacer mucho. Y otros, insisten en que sin
formular demandas concretas no lograrán ser más que una expresión de
protesta.
Tengo una recomendación para una respuesta: nosotros demandamos
que ustedes dejen de demandar una lista de demandas, comentó Robert
Jensen, profesor de Periodismo de la Universidad de Texas en un
artículo en Al Jazeera. Argumentó que "la demanda de demandas es un
intento de acomodar las concentraciones Ocupa a la política
convencional, reducir la energía de estas concentraciones a una
forma que los que están en el poder puedan reconocer, para que así
puedan desarrollar estrategias para desviar, cooptar, comprar o —si
esas tácticas fracasan— aplastar todo desafío al business as
usual".
Moyers señala que no es la primera vez que el país enfrenta esto.
En otro momento, una oradora popular, Mary Elizabeth Lease, afirmó
que "Wall Street es dueño del país... Nuestras leyes son el
resultado de un sistema que viste de traje a pillos y de andrajos a
la honestidad. Los partidos políticos nos mienten y los oradores
políticos nos engañan... El dinero gobierna". Eso fue en 1890.
Hoy día, lo que está en juego es, nada menos, si Estados Unidos
aún puede llamarse una democracia. Para el economista Premio Nobel
Paul Krugman, lo que se está creando es una oligarquía estilo
estadounidense. En su columna en el New York Times afirma: "tenemos
una sociedad en la cual el dinero está cada vez más concentrado en
manos de poca gente... esa concentración de ingreso y riqueza
amenaza con convertirnos en democracia solo de nombre". Es así
porque la concentración extrema de ingreso es incompatible con la
democracia real.
Y mientras se determina cuál será el destino de la democracia en
este país, mientras millones de personas escuchan a sus políticos
prometer una y otra vez que generarán empleo y nuevas oportunidades,
¿a qué se dedicó el Congreso? Aprobó una resolución reafirmando que
"En Dios confiamos" es el lema oficial de Estados Unidos. El voto
fue 396 contra nueve en la Cámara de Representantes.
Por lo menos en los plantones de Ocupa Wall Street sí se toma en
serio la democracia.