Es ciencia constituida que el tabaquismo, los malos hábitos
alimentarios (la comida chatarra), el sedentarismo y el alcoholismo,
guardan una estrecha relación con las afecciones del corazón, del
cerebro, la diabetes, el cáncer y las enfermedades respiratorias
crónicas.
La población cubana no escapa a esa realidad. En nuestro país
ocho de cada diez personas fallecen cada año como consecuencia de
una ENT, y el estimado realizado en el 2009 del gasto anual por la
atención a pacientes con estas enfermedades se eleva a 1 700
millones de pesos.
Desde 1995 Cuba viene realizando las Encuestas Nacionales de
Factores de Riesgo de las ENT, lo que permite afirmar que con
elevada frecuencia ellos están presentes entre las causas que
determinan la mayor proporción de enfermos, discapacitados y muertes
en nuestro país
Datos preliminares de la III Encuesta (2010) realizada en mayores
de 15 años en áreas urbanas y rurales, y que entrevistó a 8 000
personas representativas de todas las provincias del país, revela
que un 24 % de la población mantiene la adicción al tabaco, no
obstante conocerse que un fumador vive como promedio 11 años
menos que un no fumador en nuestro país.
Llamó la atención de los especialistas que un 75 % del total de
los fumadores inician esta práctica antes de los 20 años, y la edad
promedio es a los 17.
La hipertensión arterial, otro de los importante factores de
riesgo de las ENT, mantiene una alta prevalencia: el 31 % de la
población mayor de 15 años, y está demostrado que la proporción de
personas con este padecimiento se incrementa a medida que aumenta el
peso corporal.
El sobrepeso y la obesidad, y el sedentarismo, según la
investigación, se elevan a un 45 %, mientras que la ingestión de
frutas y verduras, aunque mejoran los porcentajes de los últimos 10
años, todavía son insuficientes para las necesidades de una dieta
saludable.
Resulta a todas luces beneficiosa la disminución registrada del
mal hábito de añadir sal a las comidas después de cocinadas y
también la reducción muy positiva del consumo de grasa animal de la
población.
Como se comprende, el colosal esfuerzo por disminuir los factores
de riesgo de las enfermedades no trasmisibles rebasa con mucho los
esfuerzos de las autoridades sanitarias, para convertirse en una
responsabilidad de la sociedad en su conjunto y, en particular, del
cuidado de cada ciudadano con su propia salud.