Estados Unidos anunció la cancelación de un aporte de 60 millones
de dólares a la Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
A esa posición se sumó Canadá el martes al negar su apoyo al
organismo de 10 millones de dólares, reporta Prensa Latina.
La actitud de Washington, secundada ahora por las autoridades de
Ottawa, representa la vuelta a viejas políticas de presiones,
características de la participación estadounidense para favorecer
sus intereses hegemónicos en el mundo, recordaron analistas.
Divina Frau-Meigs, catedrática de la Universidad de Sorbonne de
París, dijo que el principio estadounidense de que "lo que es bueno
para ellos es bueno para todo el mundo", incluida la guerra
preventiva y el unilateralismo, no resistió el voto de la mayoría.
En 1985, Estados Unidos abandonó el organismo internacional al
alegar diferencias en temas de gestión, lo que fue secundado
entonces por Reino Unido y Singapur en 1986, para poner en crisis
los fondos de ese órgano del sistema de Naciones Unidas.
Ahora, la posición estadounidense y canadiense se ampara en el
ingreso de Palestina como miembro pleno, aprobado por la mayoría de
los 195 estados miembros del grupo.
Según el ministro canadiense del Exterior, John Baird, la
decisión de la organización no favorece la paz en el Medio Oriente.
Para algunos observadores, la Unesco se apartó de convertirse en
un arma suplementaria dentro del arsenal de la lucha contra el
terrorismo, si permite que Estados Unidos siga adelante con sus
proyectos educativos y culturales en Oriente Medio, enfilados a
afianzar su democracia.
Si la salida estadounidense de entonces causó estupor, ahora no
deja de sorprender que persistan en utilizar ese foro para sus fines
de política exterior, advirtieron expertos.
Fue precisamente con la llegada de un presidente promocionado por
la nueva derecha, Ronald Reagan, cuando Estados Unidos abandonó la
organización, y también con otro mandatario conservador, George W.
Bush, que regresó a ésta.
La posición de la Casa Blanca ahora es indicativa de su rechazo a
separar la esfera cultural y educativa de los asuntos privados,
comerciales y políticos.
Algunos estudiosos consideran que el gobierno estadounidense
contempla el uso de los mecanismos y programas de la Unesco como un
arma suplementaria en el arsenal de su presunta lucha contra el
terrorismo.
Ello, apuntan, le permitiría avanzar en sus proyectos educativos
y culturales en Oriente Medio, con el fin de garantizar la seguridad
de su democracia.
Por todo ello, la directora general de la institución
internacional, Irina Bokova, insistió hoy en que la Casa Blanca
reconsidere su posición, ya que la Unesco tiene una vocación
pacifista, acotó, lo cual aleja de la verdad los argumentos de
Washington sobre el ingreso de Palestina.