Una nueva página de gloria volvió a escribir el deporte cubano al
reiterar su segundo lugar histórico en el medallero general durante
16 días de apasionantes rivalidades en la Fiesta de América,
Guadalajara 2011.
No
podemos obviar el hecho de que desde finales de los años 90 el
panorama deportivo cubano ha sufrido sustanciales cambios, ante la
naturaleza de nuestras dificultades económicas y financieras que nos
impusieron severas limitaciones y la cada vez más profesionalización
del deporte mundial.
Junto a ello, hubo otro cambio drástico en el programa
competitivo que disminuye las posibilidades del medallero con
respecto a años anteriores, por ejemplo, en las pesas.
En esta cita jaliscience se repitió el balance de hace cuatro años
de ocho naciones con dos dígitos de medallas de oro obtenidas y por
primera vez en la historia siete llevaron a sus arcas más de 20,
prueba inequívoca de que cada vez son más los aspirantes calificados
y si fuese el resultado de seguir el ejemplo de Cuba, ¡bienvenido
sea!
Han sido unos Juegos peleados de principio a fin donde abundaron
los héroes y no dejaron de aparecer frustraciones.
Como equipos líderes en productividad clasificaron la lucha
femenina, de dos-dos; boxeo, de nueve-ocho, lucha grecorromana, de
siete-seis y el judo femenino, de siete-cinco. Bastión más pródigo
el atletismo, gracias al botín histórico de 18 oros.
Grupo de altos quilates el de los deportes de combate, aportador
de 25 (9 en lucha, 8 de boxeo, 6 de judo y 2 de taekwondo).
Sector de la aridez insospechada, el de los deportes colectivos:
CERO título de nueve posibles, solo dos plateadas y dos bronceadas
con 141 deportistas en acción, evento insólito después de Cali 1971,
sobre todo porque el béisbol ganaba sin parar desde entonces.
Debe reconocerse el valiente desempeño de los voleibolistas,
plateados por partida doble frente a las fuertes sextetas brasileñas
y a las softbolistas crecidas para empatar su cima bronceada.
La satisfacción derivada de haber cumplido el objetivo propuesto
se la debemos en primer lugar a nuestros corajudos deportistas,
sobre quienes aprovecho para repetir una vez más que son los que más
entrenan —igual a sacrificio, valor, dedicación—, y casi seguro son
los que menos facilidades tienen a su disposición dentro del entorno
de quienes logran similares rendimientos, por razones de índole
económica, por supuesto.
Se supo de muchos del resto de los países que realizaron etapas
completas de entrenamientos en altura, superior inclusive a la de
Guadalajara, y que competir en tierra tapatía no significó un
esfuerzo extra.
A juzgar por el depauperado estado físico observado en muchos de
los nuestros después de entregarse en cuerpo y alma por la victoria,
y los posteriores comentarios entre ellos referidos a la falta de
aire durante la actividad, y la demora en recuperarse luego del
esfuerzo, parece evidente que por esta desventaja habría que
añadirles un mérito suplementario.
Recuerdo cómo los periodistas de otras naciones abordaban con
interrogantes a los colegas cubanos durante la azarosa primera parte
de los Juegos, cuando solo aparecían 16 de oro en el medallero, unos
con sana curiosidad o preocupación, otros con solapada morbosidad
deseando que el ejemplo de la Isla se esfumara.
Recibieron las valoraciones correspondientes del porqué todo
volvería al mismo lugar de años precedentes cuando aconteciera el
epílogo de los XVI Juegos Panamericanos, pero es fácil pensarlo y
decirlo.
A los escépticos de aquí y también a los de allá, que no
faltaron, tocó a los deportistas, a golpe de valor y competitividad,
el total protagonismo de entregarnos 58 contundentes respuestas.