El hombre que puso la guitarra en las alturas

Leo Brouwer, principal protagonista del III Festival Internacional de Guitarra de Sao Paulo

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Definitivamente el Tercer Festival Internacional de Guitarra de Sao Paulo, que ocupó la vida cultural de esa urbe brasileña la última decena de octubre, cambió de nombre. Se convirtió en el Festival Leo Brouwer. El compositor cubano, Premio Iberoamericano de Música Tomás Luis de Victoria, fue el celebrado protagonista de unas jornadas donde profesores e intérpretes locales y de otras partes del mundo coincidieron en calificarlo como el más importante autor vivo de música para la guitarra de concierto.

Por su repertorio pasearon con gran altura, según calificados testimonios, guitarristas de renombre internacional como el uruguayo Eduardo Fernández, ganador del Concurso Andrés Segovia; el cubanoamericano Manuel Barrueco, nominado al Grammy Latino; el chileno Marcelo de la Puebla: y los brasileños Nicolás de Souza Barros, Hamilton de Hollanda, Yamandu Costa, Edelton Gloeden, Paulo Belinatti, Cristina Azuma, y el dúo integrado por Alexandre y Egberto Gismonti, este último uno de los más grandes músicos del último medio siglo en el continente. Otra vertiente de Brouwer, la música de cámara, fue mostrada por el dúo cubano Ondina.

El maestro Leo Brouwer durante uno de los ensayos en el Teatro Municipal de Sao Paulo.

La velada efectuada en el Teatro Municipal, con la Orquesta Sinfónica Municipal, tuvo como aliciente para el público la oportunidad de ver dirigir al propio maestro cubano. La guitarra nuevamente se situó en el trono, mediante el reconocido intérprete japonés Shin Ishi Fukuda, quien ejecutó el Concierto da Réquiem, in memóriam Toru Takemitsu, escrito en el 2005. Al presentar la obra, Leo dijo: "Un réquiem no es un lachrimae, tiene tristeza, meditación, pero no resignación; es una manera de desmentir a la muerte, en este caso, la de Takemitsu, el Debussy de la segunda mitad del siglo XX".

El auditorio quedó magnetizado por otras dos obras orquestales de Leo, diversas entre sí y sin embargo, reveladoras de su arte poética: Ciudades invisibles, inspirada en la narrativa de Ítalo Calvino, novelista italiano que nació curiosamente en la habanera localidad de Santiago de las Vegas; y Canción de gesta, que celebra la epopeya del yate Granma.

Entre las abundantes referencias del evento en la prensa paulista, sobresalió el testimonio de Swani Jr, guitarrista que por casi una década ha integrado la banda acompañante de Omara Portuondo, quien evocó en una emotiva estampa, publicada por el diario O Estado de S. Paulo, su primer encuentro personal con Leo en Bruselas. Al tenerlo frente a sí, se remontó a los días "de los años 70 cuando los estudiantes de guitarra luchábamos con sus Estudios simples, extraordinaria contribución al desarrollo de la técnica de la guitarra, y comentábamos cómo aquella música que trascendía el lenguaje del instrumento, sonaba brillantemente vigorosa, moderna, osada, con un aire nuevo que barría nuestras rutinas de aspirantes a concertistas".

 

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