Por ello, en su segundo año de puesta en práctica, los
especialistas de San Juan y Martínez (donde se lleva a cabo) siguen
viendo en esta técnica una alternativa que pudiera ayudar al rescate
de los suelos del municipio, donde el 40 % de la superficie dedicada
a cultivos fundamentales como tabaco, maíz y frijoles, presenta
problemas de erosión, y el 60 % está afectada por la acidez.
A grandes rasgos, la experiencia consiste en preparar canteros
(en lugar de surcos) que se mantienen sembrados permanentemente con
cultivos mejoradores que impiden la salida de la hierba, y por
consiguiente, evitan el laboreo de la tierra.
"El ciclo se inicia con la siembra de frijol terciopelo y maíz",
explica la ingeniera Belkis Cordero, subdelegada de la Agricultura
en el territorio.
"Tras la cosecha de maíz, se aplica un herbicida para secar toda
la materia vegetal y sobre ella se planta el tabaco.
"Luego de recolectar las hojas, se fomenta el frijol caupí y 70
días después, con la recogida de las vainas, vuelve a repetirse el
ciclo".
Según la especialista, ello permitiría no tener que roturar los
suelos en un plazo de tres a cinco años, con un significativo ahorro
en fuerza de trabajo, tiempo, equipamiento, combustible, y lo más
importante, eliminar la erosión.
Así lo confirma María Luisa Álvarez, la primera persona en
aplicar esta experiencia procedente de Brasil.
A mitad de un segundo ciclo, María constata un incremento de los
rendimientos de sus cosechas, gracias a una notable mejoría del
área. "Estas tierras no eran muy fértiles, y ahora cuando uno las
escarba, parecen humus de lombriz".
Además, la "labranza cero" evita una larga serie de pasos que
demandan cultivos como el tabaco:
"Primeramente dos o tres pases de ‘picadora’ (especie de arado)
para arrancar la hierba, después se rotura en una dirección, luego
en sentido cruzado, posteriormente se pasa un tiller (equipo para
nivelar el suelo) y por último se surca.
"Muchas de estas acciones se realizan de forma mecanizada y
demandan altos volúmenes de combustibles", explica la subdelegada de
la Agricultura.
"Pero las ventajas no terminan ahí. Si durante las primeras dos
semanas cae un aguacero, hay que pasar grilla (especie de arado), y
al cabo de los 15 días se debe aporcar. Todo eso también se
elimina", añade.
El intenso laboreo —en el que muchas veces se invierte el prisma
del suelo, exponiéndolo al sol y por tanto, provocando la muerte de
los microorganismos que habitan en él y lo enriquecen— repetido una
y otra vez durante décadas, trajo como resultado un empobrecimiento
de las tierras que ahora se pretende revertir.
En una primera fase, el Instituto Provincial de Suelos ha optado
por desarrollar la experiencia en un grupo reducido de productores
(seis hasta ahora), a fin de poder realizar todos los estudios de
factibilidad antes de potenciar la generalización.