Vivir es aprender a convivir con otros. Por eso, desde las edades
más tempranas, nuestro sistema nacional de enseñanza se preocupa por
educar a los alumnos en la participación activa y responsable en las
actividades comunes y en el reconocimiento de los derechos del otro.
Estimular las expresiones de colaboración, responsabilidad,
disciplina, solidaridad, tolerancia y compañerismo, tanto en las
tareas docentes como en los espacios extracurriculares, es parte de
la labor educativa de las escuelas, de la familia y de la comunidad
en cualquier etapa de la vida.
Para promover e inculcar estos principios y valores, se emplea en
los centros educativos cubanos de todos los niveles escolares el
trabajo en equipo, técnica didáctica inaugurada por el pedagogo
francés R. Cousinet en 1920, y bien extendida hoy en el territorio
nacional, que tributa a una mejor comunicación entre los estudiantes
—y de estos con el claustro y la familia— así como contribuye
decisivamente a lograr su formación integral.
Cada escolar debe encontrar dentro del equipo posibilidades y
coyunturas para explicitar sus ideas e iniciativas; así como
comprender las normas de convivencia colectiva. Esto los prepara
para el futuro, sentencian varios docentes entrevistados.
Sin embargo, ¿por qué a veces resulta tan complejo trabajar en
grupo? Los pedagogos consultados por Granma para dar
respuesta a esta inquietud, insisten en que es preciso hacer
comprender a los alumnos que en los equipos, todos y cada uno de sus
miembros, con sus puntos de vista, son importantes. A los
profesores, coincidieron, corresponde velar porque en estas
interacciones prevalezca la empatía, el diálogo y el respeto mutuo.
En este sentido, el maestro constituye no solo un modelo, sino
una fuente de estímulos y una ayuda insustituible para los
educandos.
Muchos de los docentes interpelados llamaron la atención también
sobre el empleo del trabajo en equipo no solo como instrumento
metodológico válido para los educandos, sino como práctica cotidiana
que debe ser desarrollada también en el claustro y con los padres y
el medio donde se ubica la escuela.
Las instituciones educativas deben funcionar como una comunidad
educativa y como tal, demandan el trabajo en equipo. Es en este
marco donde la enseñanza puede alcanzar éxitos rotundos, impidiendo
la eclosión de conductas antisociales en los estudiantes,
favoreciendo la socialización y potenciando la asimilación de
valores. De esta manera se asegura a los alumnos un buen aprendizaje
y se les prepara para un desenvolvimiento adecuado de la vida en la
comunidad.