Baste decir que solo participan en ella 39 productores, cuyas
cosechas, a diferencia del resto de los cultivos, no se miden en
toneladas o quintales, sino en libras.
Martín Acosta, el de mayor resultado este año, a pocos días de
concluir la recolección, registra la "astronómica" cantidad de 1 132
libras. El resto, por lo general no pasa de 400, y algunos ni
siquiera llegan a 100. En total, la producción del 2011 se calcula
en algo más de 6 530 libras.
Sin embargo, los especialistas consideran tales cifras como algo
sobresaliente, teniendo en cuenta el volumen planificado (alrededor
de 5 000 libras) y las duras condiciones en que se lleva a cabo la
campaña de la guayabita del pinar.
"La mayoría de las plantas están en las montañas, lejos de los
poblados, en áreas pertenecientes a las empresas forestales, donde
también abunda el marabú", comenta Mario Salazar, un productor de La
Guabina, municipio de Pinar del Río. Pero la producción de guayabita
no constituye únicamente una cuestión de tradición, pues la
obtención de la fruta posee también una importante connotación
económica, al tratarse de la materia prima fundamental en la
elaboración de una bebida con más de 100 años de historia y una
amplia aceptación internacional.
Originaria de Vueltabajo, la guayabita del pinar vivió durante
mucho tiempo rodeada de interrogantes, que la ciencia ha ido
despejando.
Hoy, por ejemplo, está comprobado que su reproducción no se da
únicamente de forma natural —como muchos aseguraban—, por tanto el
hombre puede ayudar a multiplicarla.
Por otra parte, se ha demostrado que con la atención adecuada es
posible cultivarla en áreas compactas, como prueba una plantación
fomentada por la Universidad de Pinar del Río, donde este año se han
acopiado 1 312 libras.
Ello ha sentado las bases para que productores como Martín Acosta
hayan podido incrementar la población de sus áreas y, por
consiguiente, los rendimientos.
Entre las acciones imprescindibles en el manejo del cultivo, el
campesino enumera en primer lugar la limpieza del área, "porque esta
es una planta que no admite sombra".
Unido a ello recomienda apilar junto al tronco las malas hierbas
cortadas durante la chapea, para emplearlas como abono orgánico.
Solo eso, porque la guayabita no precisa de tierras tan fértiles.
"El objetivo de la cosecha —que todos los años arranca en el mes
de junio, y según el comportamiento del clima puede prolongarse
hasta octubre— es aportar materia prima para la elaboración de la
Guayabita del Pinar, una bebida reconocida con varios premios
internacionales, cuya producción anual asciende a unas 60 000
cajas", explica Remberto Gómez, especialista principal de la
fábrica.
Los historiadores la consideran una bebida típica de Vueltabajo.
"La mezcla de la guayabita con aguardiente, para obtener un licor
con mejor aroma y sabor, era una práctica habitual entre los
vegueros, quienes la ingerían sobre todo en las mañanas durante el
invierno, antes de comenzar la faena", asegura Juan Carlos
Rodríguez, historiador de Pinar del Río. Para los habitantes de esta
porción del occidente cubano, la guayabita del pinar forma parte de
su patrimonio, y su producción ayuda a que el país aumente las
exportaciones.
Por eso el campesino Martín Acosta, a sus 69 años, sigue
recorriendo todos los días los cinco kilómetros que median entre su
casa, en el poblado de San Cayetano, y las áreas de guayabita, en
pleno lomerío.