puerto príncipe.— En Haití llueve casi todos los días, trayendo
nuevos infortunios para este sufrido pueblo caribeño, que aún espera
los millonarios fondos para la reconstrucción del país prometidos
por la comunidad internacional.
Nuestro personal médico aquí no aminora su intenso ritmo de
trabajo en la lucha contra las enfermedades diarreicas agudas y
contra el cólera.
Sobreponiéndose al cansancio y a las dificultades de la
accidentada geografía, nuestros grupos de pesquisa activa han
visitado hasta septiembre y en las más recónditas comunidades
haitianas a más de 3 millones 100 000 personas, buscando al posible
conta
giado con el vibrión colérico para tratarlo in situ, realizar
labores educativas-preventivas y de control de foco.
Por ello, a pesar de que las precipitaciones se localizan desde
el departamento Sur, la Grand¢ Anse, los áridos Noroeste, Nordeste y
Norte hasta el Centro, y Oeste, no se reportan brotes activos de
cólera en las 35 instituciones de nuestra Brigada Médica habilitadas
en esta nación para atender infectados con el terrible mal, que
hasta el presente le ha quitado la vida a 6 334 haitianos, según el
Ministerio de Salud y Población de este país.
Nuestros galenos y enfermeras, que han salvado de las fauces del
cólera a 75 927 personas, con una bajísima tasa de letalidad (0, 36
%), no han tenido que lamentar fallecidos por tal motivo en los
últimos 253 días.
Sin embargo, la vigilancia es permanente. En el momento de la
visita de Granma a la unidad de tratamiento de cólera del
hospital comunitario de Aken, en el departamento Sur, eran atendidos
por padecer la letal enfermedad la agricultora Was Dorais, de la
subcomuna Soyayac; Milan Telsi, del poblado de Gran Betimell; Louis
Jean Claude, de Petit Betimell; y el niñito de cinco años Sineus Guy
Mael, de Solón. Ellos se incluyen entre los más de 200 casos
aislados de la enfermedad reportados en septiembre en el Sur. Y
todos fueron puestos a salvo.
Ante tal cuadro se estableció la alerta epidemiológica y se
reforzó la actividad de pesquisa activa, con la realización de
controles de foco, lográndose un descenso de las enfermedades
diarreicas agudas y del cólera, afirma el doctor Félix Ponce
Cárdenas, epidemiólogo de nuestra Brigada Médica.
Indicó que este comportamiento se corresponde con las
predicciones establecidas para esta fase del mal, con la aparición
de casos aislados o pequeños brotes, que pueden deberse a la
transmisión alimentaria, en particular en las marché o
mercados informales, una actividad tradicional que reúne a muchas
personas.
Puntualizó que se emitieron un grupo de indicaciones para la
continuidad del enfrentamiento y vigilancia de estas enfermedades,
así como el establecimiento de diagnóstico confirmatorio mediante
test rápido.
El doctor Otto Peláez Sánchez, jefe del Departamento de
Enfermedades Trasmisibles del Ministerio de Salud Pública de Cuba,
quien efectuó una visita técnica a Haití, confirmó a nuestro diario
la fase de endemia del cólera en este país, pero alertó que están
presentes los riesgos que propiciaron la epidemia, debido al pésimo
saneamiento ambiental, a las malas condiciones bacteriológicas del
agua de consumo humano y la manipulación inadecuada de alimentos en
lugares no propicios para ellos, "un terreno fértil para la
circulación del vibrión colérico y la ocurrencia de nuevos rebrotes
de la enfermedad", señaló.
El también especialista de segundo grado y máster en
epidemiología, significó que el trabajo de nuestros médicos aquí
evitó, sin embargo, muchísimas muertes y minimizó el impacto de la
epidemia al modificar el curso natural de la misma.
"Además, están bien instrumentadas las medidas de protección y
cuidado de nuestros colaboradores en Haití; y adecuadamente
organizada la cuarentena de forma que nuestros cooperantes, al
regreso, no constituyan un riesgo para la introducción del cólera en
Cuba", afirmó.